domingo, 9 de agosto de 2009

Domingo Díaz lo quiere Regidor Perpetuo


La voz elevada en honor del Cristo de la Viga con motivo de su fiesta anual de cada agosto fue, anoche, exaltación y petición. Y esto último, más allá de lo que puede pensarse, no sólo como ruego al crucificado catedralicio. Domingo Díaz Barberá, el hermano mayor de la Piedad, puso timbre al Pregón de la Viga de este año.
El acto, en el patio de los naranjos de la Catedral, se puso en marcha con una presentación a cargo de Antonio Montoro Mayén que, en la primera persona con la que fue escrito por este cofrade de la Buena Muerte y el Consuelo, fue leído por su padre, José Montoro, por imposibilidad de presencia física junto al pregonero.
Cuando correspondió al pregonero tomar el atril, comenzó con los lazos entre Viga y Piedad, de la que es hermano mayor, a raíz de aquel 26 de Marzo de 1926, cuando los hermanos del Calvario hicieron estación de penitencia con el Santísimo Cristo de la Viga.
Tras la dedicación de una poesía a aquellos que lo hicieron posible pasó a recordar personas, circunstancias y momentos tan intensos en la vida del pregonero que han hecho del patio de los naranjos uno de los lugares más entrañables y con más encanto.
Exaltó el valor escultórico y devocional del crucificado de la Viga que acentúan la importancia de su misterio, «capaz de tendernos sus manos para darnos su perdón, su paz y su divina humanidad». «Dios envió a su hijo al mundo -recordó- para que, junto al Espíritu Santo, fuesen las dos manos de las que Él se sirviera para llegar a cada hombre, a cada corazón».
El papel fundamental de María, «modelo a seguir para todo creyente, luz que va iluminándonos el camino que nos lleva al Hijo y junto a Él, al Padre, modelo de sencillez, de humildad, de confianza plena hasta en los peores momentos», fue resaltado bajo la indicación convencida de que «Nuestra Madre del Socorro es nuestra fortaleza en la debilidad».
Concluyó el Pregón de la Viga siendo evocado el Lunes Santo «recordándonos el Evangelio de la Verdad». La poesía volvió a ser instrumento que evidenciara cada rincón de la ciudad, cada misterio y cada rostro de Virgen «roto por el dolor, que no nos permite olvidar que su Hijo, el Hijo de Dios, vino al mundo, sufrió y padeció, para traernos la Salvación».
Durante su intervención se solicitó, como ya hemos señalado, el título de Regidor Perpetuo de la ciudad para el Santísimo Cristo de la Viga.
(La Voz, 09-08-09)

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