domingo, 29 de octubre de 2017

Tanto por lograr aún!

Veo las imágenes de la manifestación que este domingo cruza Barcelona trufándola del dolor y del encono de quienes son al menos la mitad de los catalanes, o quizá más que los independentistas.

Y temo que apenas se ha conseguido igualar el pulso a términos más reales de los que reconociesen los que venían apuntando hipotéticos pensamientos únicos al dictado del procés.

Destellan, con todo, brillos festivos en la amplia concurrencia. Y los gualda junto al rojo de miles de banderas se añaden al sol de un día que recarga las esperanzas de los hasta ahora ignorados.

Empiezan a considerarse apoyados por el Gobierno de España. Y el 155 que se formula, pese a su celofán maricomplejín, los anima a salir a la calle. Pero no puede quedar en mero amago.

Trasciende que desde Madrid se deja caer que no se vería con malos ojos a Puigdemont candidato el próximo 21-D. Y los 'indepes' pagan el 'detalle' reafirmando no reconocer la destitución.

Quiero pensar que el de Rajoy y compañía es un buenismo estratégico. Y que el sostenella y no enmendalla de los que han sido apartados del gobierno catalán, su propia ratonera.

Difícil equilibrismo el que permite la unidad del bloque constitucionalista (PP, PSOE y Ciudadanos) quedando margen para la contundencia necesaria. Pero habrá que hacer algo más.

Mientras tanto, un millón de personas agitan banderas, enarbolan españolidad y cantan con libertad. Quién dijo que el Himno de España necesitaba letra teniendo a Manolo Escobar.

Pero esto empieza ahora. Y falta que se vea a los golpistas inhabilitados cuando no penando su desacato de la Ley. Y resta que los funcionarios del 155 no sean humillados en Cataluña.

También queda pendiente que la participación del 21-D roce el pleno para que ahora sí se sepa qué quieren los catalanes. Y que ese encuentro con las urnas de verdad se produzca con garantías.

Escribiendo esto escucho que un gobernante flamenco ofrece asilo político a Puigdemont. Tocan narices los belgas pero, sinceramente, mejor eso que la posibilidad de ser candidato.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Catalaneando desde el sur

No sé porqué no somos capaces de adoptar ya, sin sobraduras ni achicamientos, la actitud de los que están viviendo un momento histórico. Ni complejos de superioridad ni miedos que nos priven del disfrute innegable de lo que la actualidad prioriza tiempo ha y especialmente esta semana.
A ver, expongo éste mi 'catalaneo' forjado en meses de silenciosa escucha y voraz análisis ahora que evocaciones a tiempos de la República, entrevistas atinadas, columnistas conspicuos y memes desternillantes me ayudan con la mayor eficacia a que lo que diga no suena a patrioterismo barato.
Desayuno con un artículo de Amorós en ABC que parafrasea la evolución del pensamiento de Azaña sobre las viejas inquietudes y barrabasadas independentistas catalanas. Y me quedaría tan tranquilo por ser reiterados los hechos si no fuera que entonces constituyó antesala de la Guerra Civil.
El café de media mañana me alivia el lunes con un poema de Espronceda que lamenta los males de siempre ("oigo patria tu aflicción, y no entiendo por qué callas viendo a traidores canallas despedazar la nación...") pero todo es más armónico entre versos. Y relajo por más el ceño fruncido.
Para el aperitivo, el 'Felices los cuatro' cantado por Puigdemont y Rajoy con Los Morancos bajando la tensión a límites asumibles y los vídeos de la entrevista de Evole a un incongruente presi catalán y Borrell haciendo lo propio con Oriol Junqueras. Qué gusto da comprobar el nivelito.
Y, mientras me guardo para el postre el meme de la crema catalana "echando cojones" a quien abre el frigo, reflexiono sobre este país de opereta en el que elevo oraciones para que el 1-O se eche por fin el telón a este sainete. Si no siempre quedará la salida del 36. Pero eso lo evitaremos, verdad?

jueves, 7 de septiembre de 2017

Diez años de comunicación diocesana

La tentación de la sencillez podría terminar pareciendo falsa modestia, el confort del silencio cobardía y huir de mostrarme algún tipo de razón otorgada a quienes se creyeron con la capacidad de enjuiciar el camino sin calzarse mis botas.

Como nada de eso quiere el Señor, estoy convencido de ello, hago caso al almanaque que es tozudo en el recuerdo de los diez años que se cumplen durante estos primeros días del mes de septiembre de aquel precioso encargo.

No llegue felicitación por la década cumplida en estos menesteres diocesanos, si acaso de alguno un "cómo estás, Gaby?" que pueda seguir pendiente. Pero eso es por otras cosas que no impiden ahora esta gran satisfacción mía.

Al fin y al cabo no he hecho más de lo que debía desde las convicciones a las que me sigue invitando mi profunda fe cristiana. Al fin y al cabo, y ha sido frase mía durante todos estos años, Iglesia que no comunica no ha de considerarse tal.

Haya una palabra de gratitud para monseñor Juan del Río. El hoy arzobispo castrense fue artífice del nacimiento de la Delegación de MCS tras intentos testimoniales pero nunca vanos durante el episcopado de monseñor Rafael Bellido.

También mi agradecimiento a monseñor José Mazuelos por el mantenimiento y refuerzo de esa estructura cuajada de aliento desde Sanlúcar, Rota o El Puerto hasta Arcos, Bornos, Villamartín, Espera, Prado del Rey o Grazalema.

Desde cada uno de esos puntos sigue llegando a Jerez el estímulo necesario para no desfallecer. Y los compañeros, todos ellos, hace tiempo que se convirtieron en mis hermanos más allá del compromiso con la comunicación.

Ruego una oración de todos por ese esfuerzo tantas veces incomprendido por el ninguneo o por exigencias ajenas a lo correspondiente a su naturaleza. Quod non sciatur, non potest aestimari. Y rezad también por quien suscribe. Gracias!

miércoles, 30 de agosto de 2017

Como elefante en cacharrería

Ceuta está aislada entre el Estrecho y un país distinto. Ello le confiere las singularidades propias de una vecindad apretadita en tan limitado territorio. Es así como las diferencias se toleran o incluso se comparten con mayor alegría, necesidad obliga, que en la península.
Es sin embargo ventaja que puede terminar conmocionando si, como nos ha sorprendido estos días a cuantos hemos quedado boquiabiertos ante los vídeos que han circulado por las redes sociales, acceden a una iglesia cristiana unas parihuelas portando a una deidad hindú.
Ganesh (cuerpo humano y cabeza de elefante) era portado por la alegre comitiva de sus fieles cuando, dentro del templo y ante la Virgen de África (patrona ceutí), se le dedicaban cánticos rocieros con letras dirigidas realmente a María Santísima.
El despropósito, reprobado por el Obispado de Cádiz-Ceuta convenientemente, me deja con el sentimiento lastimero de quien, abogando por el diálogo interreligioso subyacente de fondo, comprueba que se queman cartuchos en gestos sin sentido.
Los tiempos que nos toca vivir exigen que nos entendamos. Y hacerlo desde las convicciones religiosas y sus expresiones culturales es vacuna contra otros desquicies provocados por el desconocimiento. Incluso los generados por el odio más secular.
Pero a mí me parece, con toda modestia, que si ciertos intentos derivan en disparates encuentran lógico coto. Y así se ha actuado desde la sede episcopal correspondiente. No en balde pueden terminar siendo obstáculo para que unos y otros se miren con el mayor de los respetos.
Por los demás, haya el mayor diálogo posible por favor incluso entre aquellos que históricamente se hayan tratado sin esperanzas de entendimiento. Al fin y al cabo para Dios, al que en más de un credo consideramos misericordioso, nada es verdaderamente irreconciliable.

miércoles, 23 de agosto de 2017

El manicomio de los cuerdos

El verano da para adelantar la lectura pendiente al punto que permite, tras pasar páginas en varios a la vez, llegar a dos puntos finales en apenas cuatro días. También en éste es protagonista la muerte, pero para destacar que la vida es un regalo que agradecer como milagro cotidiano.

Ahora es Paulo Coelho quien, llevándonos al manicomio de Villete en los años de la independencia eslovena de la antigua Yugoslavia, nos coloca junto a las víctimas del doctor Igor. Sus experimentos con la salud de los ingresados en la institución no hacen sino mostrar corduras impensables.

Son Veronika y su infelicidad conducente al intento de suicidio pese a su juventud y belleza, Eduard y los 'paraísos' con los que saltarse los convencionalismos alimentados por su padre diplomático, Marí y su síndrome de pánico al exterior, Zedka y su aversión a la 'normalidad' conveniada.

"Es grave forzarse a ser igual: provoca neurosis, psicosis, paranoia", asegura Igor mientras las conversaciones entre pacientes revelan la sensatez en unas actitudes etiquetadas como locura. Locura de brillantes conclusiones vitales y excelente punto de partida para las reflexiones del lector.

He ganado ansias de vivir. Más aún. Y así como el descubrimiento de la capacidad de regresar al mundo no hace a los personajes perder la lucidez ganada en Villete, tampoco yo salgo tras leer 'Verónica decide morir' sino espoleado al deber al que mi convicción me encamina, sea o no políticamente correcta.

lunes, 21 de agosto de 2017

Ventanas abiertas

'La Clandestina' es sitio de Cádiz más que recomendable. Ya me avisó Carmen. La posibilidad de tomar un café y que te llegue un libro a la mesa casi en la misma bandeja es sugerente combinación propuesta en calle José del Toro desde un espacio cultural diferente, lugar de encuentro e intercambio. Lo dice su web pero también ese boca a boca cercano que nos llevó al lugar una tarde de marzo pasado.

Ellos tienen la provechosa culpa de la caída en nuestras manos de esta novela del egipcio Naguib Mahfuz. "Qué libro quiere?", dijo la chica que atiende la librería de esta cafetería. Y yo abierto al descubrimiento sólo di una pista tan abierta como para que el excitante sabor de la sorpresa mezclara bien con el té que ya me estaba tomando. "Novela histórica, por favor", dije. Tres opciones puso sobre la mesa, 'Jan Aljalili' entre ellas.

Cinco han sido los árabes que han recibido el Premio Nobel. Tres de ellos el de la paz no sin severa controversia en algún caso. Pero convulsiones históricas aparte, me resulta curioso descubrir a un químico entre ellos y, por mi parte y de modo más especial, a este escritor que recibió el mencionado galardón de la academia sueca en la edición de 1988. Aún no sospechaba en 1945, fecha de esta obra en nuestras manos, que habría de acudir a Estocolmo para recibirlo.

El libro quedó en la estantería de casa esperando la llegada del mejor momento para esa lectura a dos en voz alta que tanto nos gusta pero que requiere encontrar los momentos adecuados. Por ello llegó el verano, para regalarnos el reencuentro con la publicación de Alianza Editorial y una lectura parsimoniosa que concluimos ayer domingo, casi coincidiendo con los ecos del execrable atentado terrorista producido hace apenas cuatro días en Las Ramblas.

La casualidad ha querido que, a la vez que nos sorprenden en la tele las imágenes crudas de esa acción asesina con protagonistas árabes, nos viéramos empapados de los trazos de la vida cotidiana en El Cairo de la Segunda Guerra Mundial. En el entonces indudable "corazón palpitante del Islam" (Mahfuz dixit), una familia de clase media, huyendo atemorizada de los bombardeos alemanes, se refugia en el viejo barrio que da nombre a nuestra novela. 

Asoma sugerente, en 'Jan Aljalili', la frustrada historia sentimental de dos hermanos de carácter antitético enamorados de una misma joven escudriñada desde sus respectivas ventanas. Ello da pie al autor para recrear ante los lectores una minuciosa descripción de los ambientes populares, burgueses e intelectuales de su ciudad natal, así como para el análisis de una sociedad que se ve obligada a tomar partido ante los dramáticos acontecimientos que se suceden.

La mujer en un mundo aferrado a sus tradiciones cobra protagonismo en un relato que evidencia que, con todo, ya en los años cuarenta iban produciéndose cambios sustanciales. Setenta años después sabemos lo que no sé si podría sospechar Naguib Mahfuz entonces: que todo puede ir a peor. Pero el libro nos deja la esperanza de aquel mundo árabe tan respetuoso o más con su fe islámica pero con ventanas abiertas al resto del mundo.

sábado, 22 de julio de 2017

Buen Camino

Es sábado de relajo marcado por la baja laboral y el deseo de sentir, en el fondo, más reconstituyentes espirituales que físicos para mis lumbares maltrechas. Así, y como una cosa que lleva a la otra, una búsqueda aleatoria en Spotify me regala una canción de Pablo Milanés de contenido jacobeo. "Sólo hube de hacer el Camino aquél, en el Obradoiro me esperaba aquel final que no encontraba para renacer..." Vaya, finales de julio, ya hace un año de aquello.

Bien titulada la serie que viene emitiendo TVE cada medianoche del jueves, 'Buen Camino' es sin embargo sólo la sombra de cuantas cosas son la ruta jacobea. La expresión dicha/escuchada con intención en algún rincón de cualquiera de las etapas de marcha al encuentro con el Apóstol constituye mucho más que un mero saludo. Es sumarse al camino del otro, es dejarse acompañar por aquél aunque sólo sea un cruce de apenas diez segundos.

Estos días se cumple un año de las vísperas del nuestro, aquellos más de 300 kilómetros que desde León y por el Camino Francés, fueron trampolín agosteño para una nueva vida en la que no faltan el cansancio, las ampollas, los sinsabores y los dolores. Como los sufridos durante aquellos trece días. Una existencia renovada en la que sin embargo, Carmen y yo, encontramos a diario la respuesta adecuada para afrontar nuestro día a día con serena felicidad.

Y algo de ello asoma en la serie aunque a Marta Márquez, la presentadora, sobrada de belleza exterior, también le sobran esos botines tan monos con los que dice hacer el Camino. Y su ademán de reportera de un hipotético 'Callejeros peregrinos' que la dejara al margen de los sufrimientos y alegrías que narra. Y le falta mochila y ampollas y le crecen las experiencias superficialmente preparadas aunque, afortunadamente, con caminantes de verdad.

Pero por encima de ello, creo, prevalece el espíritu reverdecido por la tele pública en este peregrino de la vida que decidiendo, junto a Carmen, que este año no tocaba calzarse botas ni colgarse doce kilos a la espalda (que no somos del eslogan del patrocinador de la serie: 'Peregrino, haz el Camino; Correos lleva tu mochila') se irá de vacaciones a Oporto. Vino, Duero, arte manuelino, fados... Sí! Pero también el sueño de que el próximo sea el Camino Portugués.