martes, 7 de septiembre de 2021

No la malgastes odiando

Nuestras vacaciones han culminado allá donde la Sierra de Cazorla agota su verdor, donde se encuentra con la aridez del suroeste español. Siendo Jaén, Hinojares está, de hecho, a tiro de piedra de Baza, del Geoparque de Granada o de la almeriense Tabernas.

Hasta el alojamiento en una casa cueva, muy acondicionada turísticamente claro, ayudó mucho al toparme en la tele con 'Intemperie' y tal sequedad en el ambiente, en los caracteres de los personajes, en la crudeza de la Posguerra en lugares como éste tan singular y evocador.

El lebrijano Benito Zambrano, el director, me viene llamando la atención desde que nos mostró sus trazas cinematográficas con 'Solas' (1999). Pero he de reconocer que a esta cuarta película suya me acercó el 'engoyado' Javier Ruibal, autor del tema musical 'Intemperie'.

Con el cantautor portuense tuve la ocasión de hablar para mi podcast cultural 'Musas y genios' (cope.es/cadiz y cope.es/jerez) y su tema me cautivó. Y anoche fue ocasión muy valiosa ver la peli en TVE. Y esos áridos ambiente y planteamiento me atraparon.

El niño, una víctima solitaria del momento social que vivía España, sólo encuentra el amparo de 'El moro'. El papel de Luis Tósar encaja a la perfección esos ribetes uraños de los hijos de las dificultades y la guerra que, con entereza y bonhomia sobrehumanas, son fuente de ejemplo.

El niño perseguido y en permanente peligro de muerte. Tósar, crudo crudo crudo, aún tiene tiempo para enterrar a los muertos resultantes de su lucha por la vida. "Hay vivos que no merecen respeto, pero los muertos todos". Y el niño tomaba nota de semejante actitud.

Leer/escuchar/reflexionar/comprender que, en efecto, tenemos "toda una vida por delante" como para tirarla con actitudes que no construyen nuestra felicidad es algo que necesitamos a veces. Así que me sumo a 'El moro': "No la malgastes odiando".

lunes, 16 de agosto de 2021

Semper itinere

El británico Julián Opie expone en Valencia. Escucho la información, que me topo casualmente, con mi común interés por la cultura y la curiosidad de una muestra en la que el autor "nos incita a volver al movimiento tras una etapa en la que el virus nos ha parado", explica el comisario.

Me han dejado pensando esas figuras que, en esculturas de figuras esquemáticas o grafismos amparados en las nuevas tecnologías, analizan una naturaleza esencial del ser humano poco discutible: en marcha somos más nosotros mismos, así cuando caminamos, bailamos, corremos...

Y no quedarse quieto, tampoco moverme desaforadamente, explica bien el sentido de ese 'semper itinere' que enarbolo en varios estados de mis redes sociales. Sin prisas pero sin pausas podría resumirse. Como en el Camino de Santiago, que tanto me inspira a diario la experiencia vivida en dos ocasiones.

Hay quien no consigue entenderme en este momento de mi vida. Y doy gracias a Dios por no generarme la necesidad de explicarlo. Pero alguna vez encuentro la herramienta que lo facilita. Como en esta ocasión con la obra de Opie. Por ello no me interesan los paisajes que ya quedaron atrás. Llegan otros. Y luego más.

Tantos lugares me invitaron a detenerme por lo bueno del sitio como momentos de mi vida hay en los que sentí bienestar. Pero ni unos ni otros paran la inercia de mi marcha. Semper itinere. Y en la libertad y la parsimonia de esa marcha encuentro un plus de mi actual felicidad. Sin alharacas. Sin mochilas.

Cumplo la mitad de mis vacaciones que, de momento,  han resultado poco móviles. He de reconocerlo. Por eso estoy deseando, tomar el volante de mis inquietudes y expectativas, que llegue este inmediato miércoles y que los diez últimos días antes de la reincorporación laboral cumpla el aserto. Semper itinere.

domingo, 15 de agosto de 2021

Un menú lleno de poesía en cada plato

Sobre una de las mesitas altas de la terraza de 'La Bombilla', junto al mercado de Cádiz, comenzaban a bullir los chocos, los pimientos asados, la ensaladilla, la carne al toro y los tintitos de verano hace unos días. Burladero de Carmen y mío, veíamos pasar desde él la vida, el ambiente, los personajes...

Hacía unos minutos que no le quitaba la vista a quien, con túnica, melena y barba largas, pretendía galas de misterioso vendedor... de qué? Una carpeta bajo el brazo incrementaba la curiosidad pronto aclarada porque se dio cuenta que le miraba. Se acercó y nos ofreció con gracia y educación: "Una tapita de poesía?"

No hubo ocasión para comprobar si daba para 'tapita' la cosa o se quedaría en un 'paluego' entre los dientes. Pero me ha venido a la memoria ahora que amanezco tras paladear anoche, en La Atalaya, todo un festín de poesía cantada al albur del son cubano y acariciando versos como los de Nicolás Guillén.

'De qué callada manera' dio sentido, en efecto, a la noche junto al ansiado 'Yolanda' u otras manifestaciones de aquella Nova Trova Cubana como 'La felicidad', 'Proposiciones', 'Pobre del cantor', 'Yo pisaré las calles nuevamente', 'El tiempo pasa' u otras más actuales y menos emblemáticas pero tan profundas.

El calor se mantenía alcanzada la noche y el césped, bajo nuestros pies, procuraba aliviarlo pero es muy cierto que hasta el aire se paró para escuchar al cuasi octogenario Pablo Milanés. Y, ante un fervoroso público que sabía bien ante quien acudían, él desplegó su alma sumando, a su característica voz, el poso de la edad.

Está lejos de aquel impulso protesta de los 70. Ahora quizá haga lo que siempre quiso: enseñarnos el son de su tierra, hasta el montuno. Pero no está apartado de esa prodigiosa enjundia de siempre. Da gusto escucharlo aun sin cantar. Da gusto paladear ese menú que llenó de poesía cada uno de los platos.

Maridada con el piano y el violonchelo, su comparecencia cerrando el ciclo 'Noches de bohemia' fue notable invitación al encuentro con aquél que ya debe abandonar el escenario apoyado en el hombro de un propio. También en las palmas por bulerías. Ése es otro son. Milanés lo agradeció sin necesidad de volver al escenario.

domingo, 25 de julio de 2021

Boanerges

No son pocos los actuales peregrinos a Santiago de Compostela que conozco y que reconocen que, realmente, no es que tengan una especial devoción al Santo. Y también hemos ido conociendo en nuestros caminos a muchos que no tienen motivaciones religiosas para acometer la experiencia. Pero no es de ellos de quienes hablo ahora.

Entre los de perfil creyente me ha resultado más común encontrar a devotos de la Virgen del Camino (León) o la Peregrina (Pontevedra), por escoger un ejemplo de cada uno de los dos realizados, el francés y el portugués. Y, con todo, lo que predomina es la aconfesionalidad caminante, la experiencia de búsqueda personal sin fe de por medio.

Pero es Santiago quien recibe al peregrino, es su busto en el camarín de la Catedral el que abrazamos, es la estela de la legendaria llegada de sus restos lo que alimenta la historia más gráfica de mi lema de vida de un tiempo a esta parte: 'Semper itinere', siempre en marcha, siempre creciendo, siempre viviendo un presente continuo que libere.

Me cuesta no apelar hoy, Día de Santiago, a mi relación con él por si alentara a alguien. "Bien sabíamos que el Camino de Santiago había de transformarnos, por ello era preciso que todo nuestro ser supiese del zarandeo que merecíamos de manos del Apóstol", dejé escrito en 'Peregrino Parkinson' (Diputación de Cádiz. Servicio de Publicaciones. 2018).

Y, desde la serenidad y equilibrio que busco presida mi existencia, leo esta mañana algo sobre aquél al que, junto a su hermano Juan, Jesús llamaba "Boanerges" (Mc 3: 17). "Hijos del trueno" eran para el Maestro esos impetuosos seguidores suyos tan dispuestos a la acción. Y, desde la actualidad, tan llena a veces de sinrazones, invoco convicciones.

Día de Santiago en domingo. Año Santo Jacobeo. Que el mayor de aquellos hermanos nos alumbre y, con o sin fe, las rutas que conducen hacia su sepulcro sigan siendo autopistas de buena fe, de solidaridad, de multiculturalidades abrazadas con gusto y de certeros compromisos a la construcción de un mundo más respirable.



jueves, 17 de junio de 2021

Lo mejor está en el detalle

Y los dedos, sin trasladar la tensión a la mano que evidenciaría la fortaleza de la presión, consiguen el milagro que invita a olvidar la dureza de la materia prima, que suscita sensaciones de ternura en el mármol, que incita sensualidades de sorprendente certeza.

'El rapto de Proserpina' es como la vida misma. Ves el conjunto de esa magnífica obra del primer cuarto del XVII y, disfrutando de las capacidades de Bernini, recibes la imagen de un torbellino, la lucha necesaria para resistirse a las intenciones de Plutón, rey del Inframundo.

Luego vas al detalle y detectas dulzura, el trato exquisito que no encuentras si ves el conjunto de la obra escultórica. ¿No es así como uno aprecia el día a día a veces tan exigente e injusto cuando no se ha alcanzado aún la madurez para ir al detalle? Luego la edad ayuda.

Y serenas el ánimo, relativizas batallas, aprendes felicidad, abandonas maximalismos. Es como lo del bosque y el árbol, pero al revés. No te apartes para ver en el conjunto lo mejor que te ofrecen las cosas. Ve al árbol y no a la arboleda, a la persona y no a lo que llaman ciudadanía.

miércoles, 19 de mayo de 2021

El sur también existe

A veces nos lo han de recordar. Lo reconozco. Puede que incluso con malas maneras. Pero es cierto que el sur existe. Más allá del tema de Joan Manuel Serrat, la llamada desde este punto concreto de la rosa de los vientos se convierte a menudo en un 'a modo' de sensibilización no siempre bien traída.

Nos quedamos, de hecho, a la altura del betún cuando abominamos de las pobrezas que nos llegan por abajo, y que tantas veces son un recordatorio certero de aquellas posiciones socioeconómicas que alguna vez tuvieron generaciones anteriores en esta tierra nuestra siempre con un norte más potente.

Y es el caso. Mil imágenes lo muestran. Estamos estos días ante las ansias de mejor vida para sureños hartos. Pero también ante algunas razones de desigualdad con los países desarrollados que, más allá de los complejos que estemos dispuestos a asumir aquí, también podemos hallar en sus propios destinos.

El clamor de África es un grito que bien podríamos intentar que no se perdiera en el desierto. Pero ya tardo en patalear por el escandaloso uso y abuso de gobernantes en origen que son los padres de las peores prácticas imaginables. Y lo de Ceuta es de juzgado de guardia.

Peor gobernados no pueden estar quienes se lanzan al Mediterráneo para salvar una frontera por impulso de quien los apremia y pone en peligro vidas solo por apretar al país vecino. Y creen tener razón porque pongamos la sanidad española al servicio de alguien que lo necesita. Aunque fuera su peor enemigo.

Marruecos tiene un problema serio. Lo tienen si pretenden enarbolar, con esos bárbaros resultados que vemos en los telediarios, pretendidas legitimidades cogidas con alfileres. España también tiene un problema. Lo tiene si, presos sus gobernantes de conveniencias baratas, no hacen lo que deben.

sábado, 8 de mayo de 2021

Saber ser potencia mundial

Ha caído ya el cohete? Me cuesta explicar lo que comienzo a pensar. Lo cierto es que, hasta este descontrol, la historia de la incorporación de China a la carrera espacial me parecía un ejercicio de músculo que se sumaba a tantos otros signos del empuje del gigante asiático.

Una vez me explicaron la sucesión de las potencias hegemónicas mundiales a lo largo de la Historia con una evidencia que tener muy en cuenta: todas las que lideraron en su día fueron sucedidas por otra cercana trazando un itinerario claro de Oriente a Occidente.

La Antigüedad nos sitúa en Asia, con la aparición de la escritura y despegues de China, Persia, imperios del Creciente Fértil como cuantos se asentaron entre el Tigris y el Eúfrates, Egipto, los pueblos del Mediterráneo, Grecia, Roma, la Europa del Medievo...

Y luego el Imperio Español, Portugal, Francia, Inglaterra, el salto al Atlántico, el nacimiento, crecimiento y liderazgo indiscutible de los Estados Unidos a lo largo del siglo XX. Supongo que la nueva potencia sucesora requiere seguir al sol y cruzar el Pacífico.

Siempre pensé que cuando ello ocurriera habría que poner foco en Japón y su creciente desarrollo tan basado en lo tecnológico. Pero hete aquí que erraba en la medida en la que despertaba China, con potencial increíble y, ahora sí, vocación de liderazgo.

Pero mandan cojones querer ser primera potencia mundial y no saber controlar un virus que nace allí y termina azotando a todo el mundo de modo impensable para lo que al super hombre y mujer del siglo XXI le atribuyéramos. Y ahora el dichoso cohete.

Es verdad que a lo mejor ya nos toca las narices necesidad alguna de un país hegemónico que dirija la globalización que nos uniforma estilos de vida. Pero, digo yo, que si alguien quiere ser ejemplo para todos, podía empezar por no intranquilizar de este modo.