martes, 10 de enero de 2023

Ser para compartir

Consultaba su reloj y sonreía. Sentado solo, en aquella mesa en el bosque, aquel personaje esbozaba la esperanza cierta de una posibilidad incierta: que la espera no fuera en balde. Así fue como me detuve sintiendo en mi blog el momento que tocaba.

Dos meses después y rompiendo un silencio que se descubriría provechoso, leí aquel 'Renacer para ser'. Era otra bitácora aquella que me ofrecía como regalo una entrada para mí. Sólo para mí, siendo para ella. Así pues, ésta solo es para ella, siendo para mí.

Ya no es aquel del sombrero, el melancólico de la incierta espera. Ahora es el que luce el reloj que solo marca el presente. Ése que ves. Ése que llegó en unas fechas navideñas memorables. Y, por ello, retomo hoy. Pero no desde aquel (el de mi blog) sino desde aquella.

Ambos crecemos para ser. Ambos crecemos siendo más nosotros mismos compartiendo. Y la edificación memorable que se eleva desde semejante compromiso es logia que abre sus arcadas hacia el futuro sin vivir más que el ahora. Es para ti. Y para mí. Es para ambos.

viernes, 28 de octubre de 2022

La espera

En el lugar de la espera
luce tímido mi sol.
Pero ahora es lo mejor
y, si el aire se atempera,
que salga por Antequera
en la sólida esperanza.
Que si tarda no me cansa,
que mantengo la ilusión,
que el dolor de corazón
se calma en esta bonanza.

viernes, 14 de octubre de 2022

El vacío

Rara sensación la del vacío. Corres, llenas, abarcas, produces, enloqueces, tomas decisiones pronto para dejar sitio en la cabeza a las debilitadas neuronas de un casi sesentón que ha de seguir decidiendo cosas, te autoconvences que hay que apretar los dientes y tirar hacia adelante. Y, de pronto, el vacío.

Y no te vale ninguna experiencia que hayas conocido. Nada te salva del marasmo. No hay remedio ni alivio ni bálsamo ni ungüentos mágicos. Apenas una respuesta: sus manos. Su energía es todo. Sobre todo las tardes de los viernes, tan llenos siempre de trampas mortales. De asedios más que de desafíos.

Sus manos llenan mi vacío de modo que casi no me entero de suyo que éste había llegado. Ella presurosa, habiendo aprendido bien esa lectura de mis ojos que yo necesito no verbalizar. Ella sabe. Sus manos conocen el camino. Fue un milagro su aparición en escena, su generosidad tan anchurosa.

'Semper itinere' pregona ese lema en el que anclo mis incentivos. Pero, ¿qué hay si sus pasos no siguen los míos? El vacío. Allá donde están tus manos, Carmen de mi vida; allá donde está tu alma, amor; allá... Allá se queda siempre mi corazón dolorido. Más aún si es viernes tarde y la semana atentó contra mí.

domingo, 9 de octubre de 2022

A mí la belleza!

Escucho entregado a Amancio Prada mientras escribo lo que lees. Su voz es limpia, queda y suficiente para evocar el sentido de la belleza. Si encima añadimos las letras de los poemas de Rosalía de Castro o San Juan de la Cruz ya entramos en el ámbito de lo indescriptible.

La estética de su sonido radica pues en la verdad de su tono y en el de los asertos de lo que nos canta y nos cuenta. Eleva el alma y eso es bueno. Pero es la belleza el escaparate de tanta verdad como disfruto, de su mano, este día de inconfundibles ecos platónicos.

El fin de semana vino así. Y el rato dominical es hijo de la lección inaugural del curso del Seminario que viví ayer. ¿Su ponente? Manuel Palma, decano de la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla, a la que quedan adscritos ahora los institutos diocesanos asidonense.

Alguno de los presentes se perdieron durante su exposición y yo, que también lo hice, me enganché a ella lo suficiente como para prometerme que, en cuanto se publique como me dijeron que ocurriría, la leería y reelería. Necesito escudriñar aquello escuchado.

No en balde belleza necesito ante tanta aberración presente. Imperan ideas pero los imperios me desaniman por sistema. La fealdad emana de dentro y su resultado no depende de las formas sino de la verdad y la bondad que faltan. Los tiempos no son gratos. Ni gratis.

El caso es que como, quizá, ninguno lo fue acaso no nos quepa sino aferrarnos a trazos de belleza como los que me dicta Prada al oído o Galdós al que sigo leyendo. Quizá luego aparezca la pintura de El Bosco o el cine de... Qué sé yo, pero a mí la belleza, please.

domingo, 18 de septiembre de 2022

Godoy vive, y sufrirá de nuevo

"Los favoritos que dejaron su cabeza sobre el tajo de un cadalso fueron sin disputa menos mártires que don Manuel Godoy, llevado en vergonzosa procesión entre feroces risas y torpes dicharachos, sin morir, porque no matan los arañazos y pellizcos".

Cómo gozo releyendo a Pérez Galdós sus 'Episodios Nacionales'. Inspirador siglo el XIX sobre tantas cosas tan bien contadas como ilustradas con las noveladas chanzas de los personajillos creados para generar una ficción que ayude a entender el momento histórico.

'El 19 marzo y el 2 de mayo' son fechas de 1808 y tercero de esta colección de 'Episodios' en que el tocayo Gabrielillo asoma en el palacio del 'Príncipe', como lo llamaban, para pedir gracias que diera reales a su joven proyección tan impostada. Dos siglos después siguen.

Pero lo mismo, unos días después, se ve inmerso el personaje que hila los acontecimientos desde Trafalgar en aquel Motín de Aranjuez que quitara de enmedio a Godoy. Tan cerca la gloria versallesca de la enquina popular contra tan ufano dispensador de favores a porfía.

No crean, no sólo de parangones políticos viven mis letras, palabra de Gaby. A veces las cosas son más evidentes de lo que alguno estaría dispuesto a reconocer. Amados líderes da el mundo que el propio mundo se ocupa de decapitar sin necesidad de guillotina.

Voy a tener que recomendar estos 'Episodios Nacionales' a algún que otro godoy de ésos que, altaneros desde el pedestal de la falta de lectura en su palmarés, aún entienden su desempeño con pies alejados de la realidad, sea cual sea el ámbito que le haya tocado vivir.

sábado, 17 de septiembre de 2022

Otra vez el deporte

Alcaraz es uno de esos ejemplos de derroche de facultades. Todos nos ponemos su camiseta con facilidad, y hasta sacamos pecho como si el raquetazo por la espalda fuera virtud nuestra de toda la vida. Por eso recordamos ahora, sobrados, que una vez fuimos habituales de las pistas del Nazaret.

Pero me vale más lo de la Selección de Baloncesto. Aquí también hay talento como en el tenista murciano. Pero no tanto. Aquí no hay tanto estrellas como compromiso. Grupo. Esa bendita osadía que consiste en proponerse hacer las cosas todo lo bien que se puede, pese a todo. Y conseguirlo. Desde la modestia.

Y ahora es cuando la intensidad de Alberto Díaz, la complicidad entre Juancho Hernangómez y Garuba o la fe de Rudy hacen saltar la banca. Porque la calidad de Lorenzo Brown tiene su aquél. Brillantísimo. Pero vuelvo a pasar por el tamiz y me quedo con la incredulidad de quienes siguen sorprendidos.

Ellos mismos reconocen no tener el talento ni la experiencia suficiente para estar en la final de este domingo. Tan acostumbrados como estamos a escuchar lo contrario. Así, el político de turno pavoneándose de lo que sabe y consigue, aunque no dé a España las victorias que la saquen de donde está.

Y llegan los de la camiseta roja y, sin dejar nada negro sobre blanco, escriben el verdadero manual de resistencia que el país necesita. No para que ellos nos resuelvan los problemas. Sí para que alguien tome nota de cómo son las cosas cuando se piensa más en el grupo, en el otro, en quienes nos necesitan.

lunes, 15 de agosto de 2022

Un 'tsunami' de chichinabo


Ayer estuve en Valdelagrana. Bueno, realmente ocupamos sitio en esa confluencia con la playa de Levante que me gusta más y nos aparta de muchedumbres domingueras mayores. Y algunos de los cotilleos bajo las sombrillas seguían recordando el famoso "tsunami" de un par de días antes.

Es cierto que la arena mantenía ese nivel de compactación en una zona más alta de lo que habitualmente llamamos "arena mojada". Pero también es verdad que ver al fondo los picos de Cádiz y Puerto Sherry cercando la concha de esa parte de la Bahía parecía querer confirmar la exageración.

Aún me da vergüenza ajena recordar cómo se la colaban a Matías Prats. Que tan admirado compañero anunciara un "minitsunami en El Puerto de Santa María" era sonrojante. Ni el previsible coeficiente de mareas más alto del año ni la luna llena ni el pequeño terremoto conocido luego lo justificaban.

Y ayer domingo volvió a ocurrir que la marea subió y lo hizo acercándose al chiringuito en el que, el día de autos, alguna tumbona llegó a verse flotando. Desde que supe lo ocurrido hace unos días y cómo fue vendido informativamente andaba buscando videos de esas grandísimas olas que cacareaban.

La megafonía avisaba que la marea subiría hasta las seis de la tarde, el vendedor de las bombas de nutella prometía manguitos de regalo a sus compradores "por si vuelve el tsunami" y nosotros, con un Absolut con limón en las manos, advertimos desde el chiringuito la naturaleza del acontecimiento.

El planeta arde. O se inunda, pero de verdad. Los conflictos bélicos nos acucian, ya en Ucrania u otros olvidados en África. La crisis de la energía, una inflación desbocada, los mamoneos diplomáticos, los despropósitos patrios... Pero, al final, no somos nada sin nuestros culebrones locales de tres al cuarto.

Salió pronto el Ayuntamiento de El Puerto aclarando que no era para tanto. Y salgo yo para reirme un rato de estas cosas nuestras. Debe ser por las horas tumbados al sol. Digo yo. En cualquier caso, bueno estuvo lo que para tan buena tertulia dio con la copa en la mano en la terraza del chiringuito.