sábado, 8 de mayo de 2021

Saber ser potencia mundial

Ha caído ya el cohete? Me cuesta explicar lo que comienzo a pensar. Lo cierto es que, hasta este descontrol, la historia de la incorporación de China a la carrera espacial me parecía un ejercicio de músculo que se sumaba a tantos otros signos del empuje del gigante asiático.

Una vez me explicaron la sucesión de las potencias hegemónicas mundiales a lo largo de la Historia con una evidencia que tener muy en cuenta: todas las que lideraron en su día fueron sucedidas por otra cercana trazando un itinerario claro de Oriente a Occidente.

La Antigüedad nos sitúa en Asia, con la aparición de la escritura y despegues de China, Persia, imperios del Creciente Fértil como cuantos se asentaron entre el Tigris y el Eúfrates, Egipto, los pueblos del Mediterráneo, Grecia, Roma, la Europa del Medievo...

Y luego el Imperio Español, Portugal, Francia, Inglaterra, el salto al Atlántico, el nacimiento, crecimiento y liderazgo indiscutible de los Estados Unidos a lo largo del siglo XX. Supongo que la nueva potencia sucesora requiere seguir al sol y cruzar el Pacífico.

Siempre pensé que cuando ello ocurriera habría que poner foco en Japón y su creciente desarrollo tan basado en lo tecnológico. Pero hete aquí que erraba en la medida en la que despertaba China, con potencial increíble y, ahora sí, vocación de liderazgo.

Pero mandan cojones querer ser primera potencia mundial y no saber controlar un virus que nace allí y termina azotando a todo el mundo de modo impensable para lo que al super hombre y mujer del siglo XXI le atribuyéramos. Y ahora el dichoso cohete.

Es verdad que a lo mejor ya nos toca las narices necesidad alguna de un país hegemónico que dirija la globalización que nos uniforma estilos de vida. Pero, digo yo, que si alguien quiere ser ejemplo para todos, podía empezar por no intranquilizar de este modo.

jueves, 6 de mayo de 2021

El efecto mariposa

Algo ocurre en Madrid y el aire se enrarece en Andalucía, por ejemplo. Y entonces encontramos un ejemplo prodigioso para aquella explicación que nos habla de cuánto puede ocasionar, mucho más allá del lugar de origen, una mínima variación de las condiciones en que ocurren las cosas.

Pero ni es ínfimo lo ocurrido allá donde el Prado y la M-30 esta semana ni vamos a echar la culpa de todo a lo que llegue de fuera. Y, con todo, es tan cierto que el efecto mariposa demuestra que estamos intercomunicados por finos hilos como que todos, allí y aquí, somos hijos de la misma civilización.

El virus, póngase por caso, nos tiene tan demostrado que lo ocurrido en un lugar llamado Wuhan, cuando fuera, nos ha regalado un añito de padre y muy señor mío como que haber hecho las cosas mejor en todos aquellos lares en los que se haya podido ha aminorando el estado de cosas. Y la política igual.

En el mejor de los casos los cambios son buenos. En el peor podríamos cejar en el empeño de ser nosotros mismos. Y a mí me parece que al final, allí, aquí y donde quiera que fuere que alguien se pare a pensar, lo mejor es ponerse el mundo por montera e ir de frente con las convicciones. Como en Puerta del Sol?



domingo, 25 de abril de 2021

La tradición artúrica y la política actual

Entre la llegada de Roma a las islas britanicas y las influencias que tuviera en políticos del siglo XX como JFK, una figura legendaria con raíz histórica pero sin grandes referencias rigurosas da contenido a un documental de este fin de semana: el Rey Arturo.

Lancelot, Ginebra, la espada Excalibur, la mesa redonda, los caballeros, su bohomia y virtudes en defensa de los oprimidos en aquella Edad Media gris pero configuradora de aquello que luego fuéramos tomó cuerpo en la pequeña pantalla de modo deliciosamente tratado.

Si las virtudes que queramos en el escaparate de las actitudes deseables necesitan que el supuesto atribuido sea legendario (se llame Arturo, Cid o quien quiera que nos pille cerca) no importa siempre que el mensaje trascienda en quien quiera hacer las cosas bien.

Llama la atención a cuántos políticos de la historia reciente se les atribuye beber en la fuente 'artúrica'. Poco después he zapeado con tan mala fortuna que me he topado con actuales referencias preelectorales madrileñas que no sé si están a tiempo de 'arturismos'.

Mandobles desde luego no faltan. Pero no veo a Excalibur por ningún sitio. Más bien toscas armas en un arsenal lleno de ambiciones, intereses personales, falta de escrúpulos y contradicciones. Menos mal que las hemerotecas terminan poniéndolos en su sitio.

Digo yo, y no es más que palabra de Gaby, claro, que si no fuera posible que al servicio público estén los mejores quizá no debiera ser difícil que estuvieran los menos malos. Generalizar es malo, y no lleva muy lejos, pero no veo luz en ninguno de los túneles trazados.

Es entonces cuando cobran sentido las leyendas que, al menos, nos evaden de todo lo que hemos de sufrir los mortales electores. Y, como quiera que la política actual no parece ser cuna de figuras legendarias, soñemos con las últimas que recuerdo: las de la Transición.

domingo, 28 de marzo de 2021

Ramos y ramazos

La Semana Santa es enigmática en sus efectos. Hoy, por ejemplo, es un domingo maravilloso en el que algunos haremos estación de penitencia. Sí, dentro del Humilladero ocurrirán cosas grandes. 

En otros templos de la ciudad también y, de hecho, no serán pocos los que vivan ese tono especial que la primavera ayuda a considerar. Pero luego hay otros. Basta leer en redes un rato para que lo saquen a uno de la 'roá'.

No lo consiguen realmente, pero dejan cavilando un rato. ¿Por qué viven así un día tan especial? Esa crispación, esa contrariedad ante todo, ese tono bronco, ese querer imponer opiniones y criterios, ese sufrír tontamente...

Complicarse la vida es un desatino impropio de gente inteligente. Pero hacerlo con esas malas vibraciones es aún más inexplicable. Con lo fácil que es agarrarse a los ramos benditos de un día como éste, pese al virus.

En efecto hay quien prefiere andarse a ramazos, como todo el año. Y a mí me parece que el perfume de la Pascua que asoma siempre en los días de la Semana Mayor es una gracia que podía descubrir otra vida mejor.

La fe es un don. Y a nadie recrimino, lógicamente, no tenerla. Pero la infelicidad, que eso destilan algunas cosas que leer en tuis o entradas varias, debe siempre imponer un cambio. ¿Por qué no en Semana Santa?

domingo, 17 de enero de 2021

Mírame a la cara y sonríe!

Solecito es de invierno y nos envuelve, ése grato en el otoño que ya ocupa. Pero impulsa veraniego nuestra alma. Y, fueran mil primaveras que regresen, jamás harán mejor cuanto sentimos.

Así, en la amanecida del domingo, acontece feliz hálito y no engaña. Sabe Dios qué narices festejamos. Supe yo qué difícil se volvía mejor celebrar lo ya ocurrido.

Pero si repitiera o repitiese otro día todo aquello que sentimos, eso sí que ha de constar en registros de las cosas cotidianas hechas grandes en la fuerza del tesón con que vivimos.

Dime tú, compañera de camino, si no es eso lo que gastan en el cielo. Dime tú, tulipán de mis amores, si no guardas el registro bien cercano de ese gozo registrado sin complejos.

Dime tú, y levanta la cabeza. Digo yo que me mires mientras yaces en los brazos del ardor con que recuerdo esas horas del mejor de los cantares. Mírame, no lo olvides, y sonríe! 😉

domingo, 8 de noviembre de 2020

La aventura de ayudar

En un mundo tan individualista como éste en el que vivimos es extremadamente fácil entender que esa nota predominante que consideramos tantas veces involucionista viene aparejada por grandes dosis de insolidaridad. Pero hay ocasiones en las que bien demostrado queda que no hay porqué entender una cosa y la otra permanentemente cogiditas de la mano.

Dos experiencias de esta tarde de domingo me traen a esta reflexión. Ha bastado, de un lado, conocer el robo de unos seis mil euros a las religiosas Hijas de la Caridad, ésas que están quitando el hambre a alrededor de un centenar de personas a diario en Jerez. Seguramente estén ahora cercanas de ver duplicado lo perdido a base de donaciones.

Son esos movimientos entre la rabia espontánea y el empeño de no dejar sin respuesta semejante injusticia para con los hacedores del milagro cotidiano de dar de comer a tanta gente. Lástima que tantas veces lo somos menos en la distancia corta, en las cosas quizá más pequeñas, en lo menos épico pero tanto o más necesario. Pero está bien.

Lo otro es privado y ahí quedará. Pero es bueno entender que es tan importante aprender solidaridad cotidiana como saber recibirla, entender que toca, advertir sin remilgos que también se quiere riñendo, que se es solidario a la inversa, ayudando al que ayuda, poniéndoselo más fácil. La entrega hay que recibirla siempre de buen grado.

sábado, 17 de octubre de 2020

Delibes centenario

"Hubo un día en el que los niños buscaban que los abuelos les contarán historias, luego llegó la televisión y no sólo dejaron de acudir a ellos sino que a los abuelos no les quedó otra que sentarse también ante el televisor", Miguel Delibes dixit.

Es precisamente la pequeña pantalla la que acaba de señalar que cumplimos el centenario del escritor vallisoletano. También es la que me permitió conocer 'Los santos inocentes', esa historia de ruralidad injusta, llena de desigualdades.

Delibes amó el campo con intensidad. Tan cazador como ecologista, en sus paseos por el entorno natural, enfundado en su gorra y su bufanda, se manifiesta su estampa más característica, plena de melancolía y hasta de tono uraño.

En sus soledades escogidas, aunque hombre familiar excepcional, se cocieron seguramente sus éxitos literarios. 'La sombra del ciprés es alargada', 'Cinco horas con Mario', 'El hereje', 'El disputado voto del señor Cayo'... Cuánta reflexión oportuna!

Compañero periodista que terminó encontrando más gozo en la escritura literaria, libre, tan recreativa como denunciante, Delibes me resulta espléndido ejemplar de una especie en peligro de extinción. Y quizá deba ser así, aunque sus libros le perpetúen.

Espero que su condición ecologista me lo permita como mejor memoria de aquél cuyo carácter tanto soy capaz de comprender. Incluso de encarnar en ciertos momentos. Son tan fecundo alimento de la creación como atinada opción de vida.

"Si se hablara más de literatura que de política..." le escucho decir en un vídeo antiguo. Pues eso, admirado Delibes, que todos seríamos de otra pasta. ¿Y si lo hiciéramos al revés? Más 'delibes' hasta en la política querría.