domingo, 24 de noviembre de 2019

Su Majestad Parkinson

Así como sonaron las gaitas en Camponaraya envolviéndonos inesperadamente en un encuentro no pretendido. Así llegaron los ecos regios, los ayes mágicos. Como la lluvia llegando a Lavacolla, que pasó de molestia en la amanecida a sorprendente necesidad para que el camino supiera realmente a aquella experiencia digna de no ser jamás olvidada. Como tantos momentos disfrutados con ella en los últimos cuatro años, tan gratificantes por su naturaleza como por suponer superación de extremos difíciles. Así llegó.

Hace hoy dos meses que una llamada de Alcaldía hizo pender sobre la cabeza de Carmen una corona aceptada casi en estado de parálisis, de tal sorpresa como instantáneo llenado de la agenda de inusitados ingredientes cotidianos a partir de ese mismo "sí" a través del teléfono. Quién lo esperaba? Quién lo necesitaba? Pero, sobretodo, quien se negaba cuando, superados aquellos temores generados por el Parkinson años ha, caminamos trece días hacia Santiago, volvimos a la bici, a la estación de penitencia o subimos al globo.

La vida es un lindo reto pero el desafío que ahora toca es de tamaño XXL. Por ello, en cuanto el tiempo me lo ha permitido, no dejo pasar más días y comienzo a poner negro sobre blanco algunas reflexiones que van asomando en este nuevo camino. Uno más pero no uno cualquiera. O quizá no más que ése mismo que nos hace peregrinos de la vida sumando experiencias a un zurrón único, tanto por aglutinar todas vengan por donde vengan como por esa otra unicidad que nos reúne en pareja pese a las singularidades de cada cual.

En esta tesitura consten ya el sobresalto de aquel 25 de septiembre como manantial originario del otoño-invierno más atípico de todos los vividos. Y también la voluptuosidad de caudal casi incontrolable aún, como curso alto que arrastra permitiendo cumplir compromisos casi a vuelapluma. La asunción de la noticia, el conocimiento de los compañeros Melchor y Baltasar, la configuración del cortejo, las presentaciones en el Ayuntamiento y la Bodega Los Reyes, la Cena de Reyes Magos, las visitas a Brotons, a las empresas...

Queda tanto por hacer en este terreno como para mantener las terapias en la Asociación, que sigan su curso incorporando en esta nueva aventura a esos hombres y mujeres que luchan a diario domeñando carencias de dopamina y una sintomatología que desfilará este año en las carrozas de la cabalgata. Las de la Ofrenda del Incienso y el Trono de Gaspar sabrán de ello. Aquellos que hace más de tres años hicimos presentes en nuestro Camino de Santiago con los hagstag #3enelcamino y #pkjerez sí que están esta vez a nuestro lado.

Comienza la magia. Qué fuera del vértigo, de las discinesias o de los parones queda en el fuero interno de cada cuál. Pero aseguro que la magia de Sus Majestades los Reyes de Oriente ha llegado ya a un entorno entusiasmado que, lo aseguro categóricamente, merece trono y pedestal. Por todo ello, por cuanto nos regalas a todos, por esa fina posición entre la autoridad moral entre los tuyos, entre los nuestros, y el acompañamiento más eficaz... Gracias Carmen, por tu 'sí' regio. Por tantos 'síes' como tiene nuestra vida.





sábado, 28 de septiembre de 2019

Que tiemblen los inasequibles a la emoción

Huele a incienso, que aquí reconocemos con facilidad vinculado a las procesiones. Y cofrade es quien lo portará cuando las calendas nos lleven hacia los primeros días del año. Peregrina, por demás, la reencarnación de Gaspar en la próxima cabalgata de Reyes Magos tendrá botafumeiro sobre la carroza de la ofrenda que antecederá a su trono. Aún queda, pero ya perfuma.

La designación de hace unos días fragua ya en primeras fotos juntos así como el lunes en primera mesa de trabajo. Y es ahora cuando la mente de Carmen calibra en casa, como seguro en las otras que serán coronadas, la responsabilidad asumida con determinación. Domeñar emociones sin dejar de disfrutar pero asumiendo tres meses titánicos. De eso se trata, parece.

Pero dejo ahora negro sobre blanco una primera sensación debida a quien me enseñó cambios a mejor que siempre son posibles gracias a la fe en sí misma y en cuanto ha hecho siempre. En Parkinson Jerez se vibra. Que tiemblen los inasequibles a la emoción. En Las Angustias se reza. Que no falte el credo que inspira a los personajes. Y los Martín Natera son más tribu que nunca.

Los cosas están así en ésta y en otras tres casas en las que ya llegaron los Reyes Magos dejando un inesperado regalo no exento de justiprecio que poner en liza: el trabajo por aquellos que más nos necesitan en esta sociedad individualista y a ratos insolidaria que ya se prepara para dulcificar sus inercias alumbrando las esperanzas en un mundo mejor.



viernes, 6 de septiembre de 2019

83 años de fortalezas

No me leerá. Tampoco creo que nadie le mencione estas líneas. Eso espero al menos. Permíteme que incluso te lo pida, querido lector. Mejor que así sea porque me reñiría enarbolando el carácter de aquella serrana que sigue llevando dentro. Hoy cumple 83 años y su fortaleza conmueve pese a los imponderables.

Hace ya esos años que vino al mundo Luisa, en un lugar delicioso que se llama La Iruela, a un par de kilómetros de Cazorla. No recuerda ella que aquellos tiempos de nevazos y hambruna le dibujaran paisajes tan bellos en un lugar, sin embargo, de tan notables atractivos para el turismo de naturaleza.

De niña vino a un lugar más próspero al final del curso del Guadalquivir, ese río naciente en su cuna. Pero no venía aquella pequeña a educarse, ni mucho menos a jugar. Qué más hubiera querido. Le esperaba trabajo y, aunque ama de casa desde su casamiento, ésa fue su actitud siempre.

Admiro su vocación de independencia cotidiana, pese al acumulo de achaques que le impiden la movilidad que quisiera. Le sigue costando hacerse a la nueva situación y, sinceramente, reconozco que si lo consigue dejaría de reconocer a mi madre. Aunque le deseo la felicidad que da asumir bien lo que va tocando.

Entre sus ilusiones está la recuperación alguna vez de parte de aquellas capacidades propias. Entre sus alegrías, rodearse de hijos y nietos. Las mías, entre otras muchas, son cada minuto que puedo pasar con ella, ojalá cada vez más, buscando esa botella medio llena en medio de su mar de achaques.

Mi madre cumple años y la condición que luce a medida que le van cayendo cada 6 de septiembre es ejemplo de acogida de las dificultades, con templanza y resignación. Llevo su 'nariz Leiva' y ojalá también su mirada a la vida desde el balcón de la falta de pretensiones ilusas. Aunque no me leas, felicidades mamá! 

sábado, 31 de agosto de 2019

Sinsabores, regustos y trazas

Son sinsabores de un sábado histórico, regustos maltraídos, trazas generadas por esa imperdonable condición del ser humano que se desmemoria en un manifiesto ejercicio de desequilibrio valorativo, un "allá tú" que apenas será resarcido aunque consigas encontrar en el propio fondo de armario los hechos incontestables que desarmarían la actitud injusta. Todo eso es.

No consta invitación en el cajón de mis cosas importantes, ni la encuentro tampoco en ninguno de los otros. Los cambios vitales en los que te da miedo entrar, por si localizáramos entre sus causas verdades inesperadas que cuestionen los asertos de convicciones no reflexionadas, no borran de un plumazo todo lo que, en favor de tus olvidos, se sumó también al marasmo.

Y ahora y en la hora del preeminente fasto no conviene hacerlo. Explotaría la pompa y quitaría brillos al boato. Garantizaría caras poco festivas. Es lo más fácil. Lo entiendo. Sea ése mi regalo. Sea ésa una nueva generosa aportación a las muchas que en veintisiete años se han conocido. Sea en nombre de la paternidad más responsable: la que sufrió, aguantó y luego legó felicidades.

Borrados fueron sin embargo aquellos brazos que te sostuvieron, aquel 'sin fin' de horas laborales para el sustento, borradas las causas del desarraigo que me convirtieron en visitante de un lugar mal llamado hogar y también las soledades atesoradas cuando una salida al encuentro de la sangre (recuerdas?) hubiera sido apenas ínfima parte de la gratitud esperada.

Te casas. Sé feliz. Pero déjame, con cargo también al regalo, que sume este consejo que te dejo: ahora que comienza tu aprendizaje sobre qué es y qué debe ser una relación matrimonial, jamás olvides que nunca tendrás garantías de cuál sea el destino final del camino que inicias. Amparo creerás tener ante toda situación. Consuelo faltará, sin embargo, a la hora de la hecatombe.

Queden para siempre entre tus posesiones más recordadas del momento las fotos y, en los repasos que les darás especialmente al principio, las constancias que ellas ofrezcan. Para ti serán presencias y ausencias. A mí siempre me quedará ésta que ilustra mis palabras y que enarbolo con todo el cariño de un padre que fue como pudo. No más imperfecto que tú necesariamente. Sé feliz!

martes, 27 de agosto de 2019

Letanías de mi vida

Espejo de mi alma, busca en mí la tuya.
Escuchadora fiel, ruega por mis palabras.
Conversadora profunda, alimenta mis oídos.
Torre de altas miras, eleva mis ojos.
Casa de mi corazón, abrázalo generosa.
Puerta del optimismo, sonríe así siempre.
Salud desbordante, pese a todos los pesares. 
Refugio del desprotegido que fui, te necesito.
Consuelo del ánimo, ámame como te amo.
Bordón en el que apoyarme, sé mi reposo.
Mochila de cosas nuevas, bendito sea tu peso.
Reina de mi camino, observa mis pies cansados.
Chispa de la vida, nunca me faltes.
Con tus brillos y tus sombras, dame felicidad.
Gracias, gracias, gracias y gracias!






domingo, 25 de agosto de 2019

Entre Picadueñas y Guadabajaque

El tardío desayuno se alarga en esa rara sobremesa que no se arredra por el horario de la tostada con aceite. Todo impulso irreflexivo a correr hacia lo 'por hacer' queda anestesiado, pese a mis históricas inercias. Lo que otrora me haría saltar en la palma de la mano urgido por aquello que fuera que me alarmase retrasar, en plenas vacaciones sólo acusa que éstas se agotan y que quedan menos ocasiones para paladear de semejante modo el paisaje desde nuestra terraza de Puerta Bahía.

El último sorbo del tazón, con más café ya en el borde que en el fondo, acompaña a la mirada al horizonte, hacia el balcón en el que se encaraman las viviendas de Picadueñas. Y busco en mi imaginario la estampa que ofrecería, desde donde estoy, cuando en 1.589 ya se llamaba como se llama. Los tonos de la arboleda que salpica el caserío claman buscando aquellas sugerencias de la zona. E imagino el viejo arrabal extramuros de tiempos moros que leí a Antonio Mariscal padre en su día.

Creo que Carmen, frente a mí en la coqueta mesita presidida por el velón derretido de tulipa tan privilegiada por las vistas, no termina de adivinar qué preside mi mente. Es preciso, eso sí, saber borrar los grises del centro comercial que oculta algunas de las lomas de la campiña para continuar con el ejercicio de imaginario travelling que me traslada, recordando marismas en nuestro asiento, hacia la izquierda, donde Guadabajaque abraza residencias insospechadas ha no mucho.

Y es curioso que a mi taza aún le quede algo de ese agradable sabor cuando ya me ha dado tiempo a localizar datos al respecto en entornoajerez.com, todo un regalo fruto del gusto investigador de García Lázaro. No es fácil verse inmerso en un enclave inundado por las aguas, con esas añejas inspiraciones de navegabilidad y orientaciones y reorientaciones de arroyos y canales cada vez más sugeridos por quienes vislumbran efectos sustanciales del cambio climático.

La fresca mañana con la que comenzó el desayuno, tan plácido por dominguero como por vacacional, va templándose recordándonos que, en efecto, estamos en agosto. Y, aunque se nos va el mes sin conocer alguno de esos días que siempre han superado los cuarenta en estas fechas, ya hace calor. Llegaremos a 34º dice el tiempo.es. Sigue el Levante. Cosas del verano. Hora ya, desde luego, de recoger las cosas en la terraza de Puerta Bahía. Evocaciones históricas incluidas.



jueves, 1 de agosto de 2019

Desde la cima de agosto

Me subí al risco mirando al horizonte, con el espíritu sereno que una reflexión sin propósito inmediato genera en quien se deleita ignorando al necio que pasa por mi lado. Y fue tal el gozo que ni la tontorrona altanería, pese al eco de su vacío entre frontal y occipital, sonaba a mi lado más que a ese leve poniente de tarde de playa que hasta la piel ignora cogiendo sorprendente color.

Y pasó envuelto en su celofán político quien se atrevió a musitar sorprendentes deberes de apoyo. Y el profesional entusiasmado con sus cualidades y donaires predispuesto a que aquello se haga realidad. También pasaron los hospitales de mi alma, ésos que me pueblan y prueban mi capacidad de desvestir vanidades. Y hermanos y hermanas de camino, sangre, laboreo, pensamiento o credo.

Lo que evoco diríase una suerte de "abre la muralla, cierra la muralla" que, en función de cada talante, alcance a molestar más o menos al son del recordado alegato que uno evoca en las voces de Ana y Víctor. Pero, en el fondo, menos reivindicativo, más ninguneable, menos lesivo, más aportador para la reflexión serena y serenante que se impone, menos condicionante, más... risible?

Hoy comienza el mes octavo y, aunque hace ya unos días que disfruto de tan necesario descanso anual, quizá sea ahora cuando, porque fueron menester algunos trámites, empiezo a encontrar alguno de esos vacíos de obligaciones precisos para que el asueto campe como Dios manda. Agostar agostaré, perrearé incluso sobre sofá, arena o mis cimas de vacación y vocación.

Así es como, desde mi estival roca reflexiva, la mente se ocupa desocupando cosas que la recién aparcada ocupación deja de preocupar generando la percepción de realidad nueva que, quizá, consigamos impregne con algo más fresco de lo acostumbrado mi día a día cotidiano una vez toque regresar llegado el otoño. Desde mi cima de agosto aprendo septembrinas novedades. Al loro...


'El caminante sobre el mar de nubes', de Caspar David Fiedrich (1818)

jueves, 25 de julio de 2019

Voto a Santiago

Él es mi opción. Hoy, que es día de votos que invisten, tengo puestas mis expectativas en Santiago. Me sobra la cobertura de joyas que visten su busto en el camarín compostelano porque no es exactamente en esa representación donde mejor lo encuentro. Así que excuso deciros cuánto me importan ésas otras presencias que sí que han de representarnos allá donde no hay camarín sino cámara. Dicen que el hemiciclo es casa de todos, pero yo me siento mejor en el albergue de mis sueños peregrinos.

Renuevo pues mi voto ante ti, a quien vi con mis ojos recorriendo con tu caballo blanco los montes leoneses y gallegos sin más objetivo que verter desde tu inacabable zurrón esas gracias que redimen a la hora del reencuentro conmigo mismo. Y lo hago pidiéndote salud para mi gente y para toda aquella que, a base de etapas jacobeas en las que aprender desprendimiento y cercanía, supe convertir también en mi gente pese a apenas conocerla de nada. Que llenes cuerpos y también almas del salvífico sino de tu apostolado.

Renuevo también mi voto ante ti, viajero inagotable que llegaste a este otro extremo del Mediterráneo para traer el mensaje de Cristo. Que, en el tono de esta vida 'semper itinere' que abrazo de un tiempo a esta parte, sepa seguir encontrando mi misión en el mundo, sepa materializar en mí mismo y en los demás las esperanzas de una existencia mejor y una felicidad anclada en la serenidad y en las pequeñas cosas que gratifican. Sigue haciéndome austero testigo de la sencillez más testimonial posible ahora y en las horas que me resten.

Y renuevo mi voto ante ti, Apóstol Santiago, en la convicción que te necesitamos, por ser vehículo de aquellas buenas nuevas que la fe tiene para todos y que llegaron a la actual España en la barca que dicen fue atada al pedrón junto al Sar, noticias de salvación que arribaron a nosotros impregnando tu cuerpo despedazado y traído, según la tradición, por tus discípulos Teodoro y Atanasio. Aquí te seguimos necesitando, nuestra tierra sigue temblando a diario entre desatinos y buenas intenciones. No nos abandones.

Somos lo que comemos, dicen. Somos lo que leemos, afirman otros. Somos lo que caminamos, aseguro yo, en esta vida cuajada de tantas piedras de pizarra cruzadas en la ruta como de amables pistas de tierra en medio del bosque sugerente. Haznos ver, oler y tocar, sentir a la postre, las gracias de las que está sembrado el mundo. Y haznos sentir que quienes no estén a la altura, terminen sentándose en los asientos que les toque, son más dignos de nuestra oración que de nuestra desesperación. Por los siglos de los siglos.


lunes, 22 de julio de 2019

Bajo la mirada de don Camilo

Íberos, celtas, fenicios, romanos, bárvaros, vándalos, suevos, visigodos, árabes y vikingos no podían equivocarse. Todos no. Unos fundaron Iria Flavia otros se aposentaron tan rícamente en semejante sitio a la orilla del Sar, o comerciaron con sus lugareños, o se llevaron el oro del Sil, o la visitaron aunque sólo fuera para cumplir sus ansias de saqueo. Y me da a mí, dicho sea con todo mi respeto y admiración, que de todos ellos pudo legar algo Camilo José Cela.

Ser autor de 'La casa de Pascual Duarte' o 'La colmena', sumado a la condición de premiado con un Nobel de Literatura (1989) y otras muchas demostraciones de su altura, debían dar para 'sobraduras' como aquellas  que a veces se le apreciaban a don Camilo. Y las dos bolas cojonudas a las plantas de su efigie en el parque de Padrón son firme metáfora de una impronta que, como mínimo, debía imponer mucho respeto a quienes llegaron a tenerlo delante.

Pero, creo, hay que buscar al literato a la salida de esa población que, a orillas del Sar, tiene albergue al paso de nuestro camino portugués. Y no parece que detenernos al inicio de la siguiente jornada, cuando aún no ha amanecido y urge ponerse en marcha camino ya de Santiago de Compostela, sea el mejor modo de disfrutar de ese rincón concreto. Así que en la tarde de pernocta en Padrón nos asomamos al lugar al que ahora peregrinan mis palabras.

Hay otra imagen broncínea del escritor allá donde la Iglesia de Santa María de Iria Flavia y su sugerente cementerio se miran cara a cara con la antigua casa de los canónigos, convertida en la actualidad en Museo de Camilo José Cela. Hoy, un año después recuerdo el momento vivido junto a él, cuando la tarde estival tan poco tiene que ver con la canícula sureña y las impresiones de los peregrinos festejaban ya proximidades compostelanas.

Y todo ello... porqué ahora? Verás, andamos reflexionando y gana la idea de no encorsetar nuestras experiencias del Camino en formatos, estructuras y obligaciones para el día a día nuestro en Jerez. Que quede siempre en el horizonte refrescante la posibilidad de encontrar en la ruta jacobea la liberalización de las penas cotidianas. Que el reencuentro con nuestro sueño se anteponga a la conversión en pesadilla de tan onírico peregrinaje.

Decía Cela que "no es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, como no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo". Lamento profundamente que huir de ese pasivo participio me pueda llevar a gerundio tan malsonante pero, genio y figura, lo cierto es que siempre será mejor ser protagonista activo del destino propio. No en balde, también dejó dicho que "la vida no es sólo el corazón que late; es también el pensamiento flotando sobre el que dejó de latir".

jueves, 4 de julio de 2019

Bendita petulancia!

Creí no tolerar jamás ese tipo de vanidades que, ya desde el propio vestuario, se encargan de dejar claras determinadas intenciones rotundamente confirmadas en cuanto el personaje abre la boca. Pero sólo lo creí. No era cierto. Siempre hice una excepción con nombre y apellidos de galán de nuestro cine que, porque el puñetero realmente mantuvo su planta hasta sus últimos días, nunca necesitó dejar de serlo.

El actor Arturo Fernández tenía poco que ver con nada desdeñable que pudiera achacarse a semejante ponderación de la belleza y elegancia propias. Sinceramente lo digo, que a nadie que no fuera él se le ocurra aparecer ante mí que tales trazas petulantes porque saldrá trasquilado. Y, ahora que acaba de dejarnos, más valoro y más entrañables me resultan sus menciones a los talentos que la vida le regaló.

Descansa en paz, admirado "chatín". Habrá quienes, tal día como hoy, te desearán cosas como que la tierra te sea leve. A mí, sin embargo, me parece una ordinariez que se ensucie tu impecable traje con ella y prefiero imaginarte entrando, sobre alfombra roja por supuesto, por esas puertas que custodia San Pedro a quien, estoy seguro de ello, engatusarás con alguno de tus piropos para que favorezca tu acceso.


lunes, 1 de julio de 2019

Ole tú, Pepe!

Hoy nos saluda julio. Lo hace con sus cacareados ecos de ola de calor aún por sentirse por estos pagos y una de esas operaciones salida que tantas veces pasan factura en el empeño de desvestir a la ligera hábitos cotidianos que se nos han hecho epidermis de difícil despegue.

Veo a algún buen amigo iniciando el Camino de Santiago, probablemente uno de los mejores métodos de abrazar las vacaciones resarciéndonos de lo diario como transfiguración efectiva si se plantea bien la experiencia. El empeño personal puntúa siempre pero la colaboración del lugareño ayuda.

Os presento a Pepe. Su bar en el centro de Padrón es, a las cinco o seis de la mañana, cálido punto de partida para la etapa última de la ruta portuguesa. Cuando Compostela está ya en el horizonte, el desayuno en su casa, a apenas unos metros del albergue, sorprende. 

Las fotos, los libros de firmas o las banderas que exornan el local demuestran que había algo más que operación comercial en su ofrecimiento de la tarde antes, sólo un rato después de haber llegado a la cuna del 'pedrón' en el que se dice amarraron la barca con los restos del Apóstol.

Luego llegas de vuelta, pasan los meses y las sonrisas pueden torcerse con todo aquello que en camino parece no afectar pero que aquí se hace losa lapidante. Es entonces cuando compruebas que esto no consiste en que dejen de asomar de nuevo actitudes mezquinas en tu entorno.

Recibes, asumes, admites, toleras las situaciones con otro talante. Te ves dotado de mayor paciencia. Observas que el aire sólo se enrarece a tu alrededor si tú lo permites. Contemplas las situaciones beligerantes o meramente molestas con un silencio, por ejemplo. Y el camino sigue.

Me acuerdo de Pepe. Cobrados los desayunos, a qué preocuparse por esos extraños andaluces? Que les dieran morcilla por esos andurriales que aún les quedaban pendientes. Pero no fue así. Quién comienza su jornada, antes que amanezca, con esa cara, con esa actitud?

Querido Pepe, ole tú! Hoy, en mi tajo laboral, asumo la realidad de una cotidianeidad distinta. Y afirmo categóricamente que, en ninguno de los ámbitos de mi vida, hay nadie capaz de jorobarme el día. Ni por asuntos materiales ni por aquellos otros que osen cruzarse en mi existencia.

domingo, 19 de mayo de 2019

Mi paraíso

He visto hoy en la tele uno de esos programas de supervivencia en los que alguien, revestido de las galas del homínido que somos (o sea sin más aditamento que aquello que le haga encontrarse con las herramientas que la naturaleza le brinda), es capaz de desenvolverse sólo en medio de la selva montañosa del noroeste de Guatemala.

Lo mismo entraba en estado de pánico ante cocodrilos y serpientes que, comiendo un ratón vuelta y vuelta sobre las ascuas del fuego, parecía sentirse como un cochino en un charco. Y a mí, tan de documentales de La 2 de siempre, me ha recordado una vieja frase propia sobre que mi paraíso requiere siempre arboleda frondosa y cauce de agua.

A veces uno encuentra lo que busca, aun cuando no estuviera poniendo empeño alguno en ello y sin tiempo para hacer realidad el sueño del modo que quisiera, que el Camino continúa. Y éste es el caso. Cruza la pontevedresa Caldas de Reis el río Umia llegando, hasta el mismo centro de la población, con el subyugador aspecto que la foto muestra.

El sol se pone a mi espalda resaltando los verdes de esta espesura de la mano de silvas, ameneiros o salgueiros. Son especies autóctonas amenazadas de un tiempo a esta parte por otras invasoras como ese plumacho argentino, también conocida como hierba de La Pampa, del que estos días se ha sabido en otros puntos de la costa atlántica.

El caso es que no sé bien de qué lugar recóndito de mis entrañas sale ese modelo de paraíso que cada vez me sabe más a mi casa. Antes incluso que descubriéramos la ruta jacobea, tan cundida de ecosistemas de tal guisa. Y es ese 'queseyo' cuasi telúrico el que hoy ha aflorado a la vista de la experiencia del superviviente televisivo.

Dijo Nietzsche que el que nos encontremos tan a gusto en plena naturaleza proviene de que ésta no tiene opinión sobre nosotros. Y debe ser verdad. Hay otras 'naturalezas', como la humana, en la que las cosas funcionan de otro modo. La evolución nos trajo a ello y lo que siento ante parajes como éste no debe ser sino llamadas a otro estilo de vida.

viernes, 17 de mayo de 2019

Chocar con la misma piedra

El Pedrón, ara romana en la que dice la tradición fuera amarrada la barca que trasladó los restos de Santiago desde Palestina de la mano de sus discípulos Teodoro y Anastasio, es un buen ejemplo. Lo es de una verdad tangible que se me ocurre a bote pronto mientras la miro: no siempre es malo chocar con la misma piedra. 

De hecho estoy deseando volver a paladear momento tan singular como el vivido en su día en Padrón, bajo el altar mayor de su iglesia jacobea. Los porqués quizá sean cosas mías. O no. Qué sé yo. Lo cierto es que algo tiene la piedra cuando persevera en el tiempo manteniendo en clave legendaria su mensaje.

El desgaste ancestral de lo pétreo, ése que patina de condición añeja cualquier granito, no acaba con el testimonio. Por ello da tiempo a que 2.000 años después ese monolito tenga cosas que decirnos mal que nos pese que el rigor histórico parece haberse desmoronado con más facilidad. Siempre nos quedará la leyenda.

Otras, sin embargo, son las piedras contra las que volver a chocar nos da coraje, nos enrabieta. O, si hemos madurado lo suficiente, podríamos llegar a darnos de bruces sin despeinarnos. Pero lo que dice aquella máxima que nos hace los únicos animales capaces de tropezar en los mismos errores una y otra vez es otra cosa.

Y, con todo, sabéis cuál es la peor piedra contra la que podemos temer encontrarnos? La del miedo a tropezar, la inmovilidad no vaya a ser que erremos, la paralización preventiva. Cuando se te ocurra sacar pecho haciendo gala de la experiencia que impida nuevos errores, nunca olvides que más importante será siempre saber levantarse de nuevo.

jueves, 16 de mayo de 2019

Rosalía siempre

El Paseo do Espolón, que tal y como entra en Padrón el Camino portugués abre la efigie cojonuda de Don Camilo (dos grandes bolas lo escoltan), tiene otro monumento a las letras en el extremo opuesto, el que da la espalda al muro exterior de la nave del Evangelio de la Iglesia de Santiago. Y ella, Carmen, la prefiere al otro. Es Rosalía de Castro. Son otras letras, es otra impronta, otra dulzura.

De un tiempo a esta parte digo que no quiero en mi vida nadie que no haya sufrido. No es colmillo retorcido. Es valoración del fruto de quien aprovecha los palos de la vida para blandir ese pensamiento profundo que enriquece sin apoyarse en naderías, afianzándose en aquello que, de verdad, merece la pena. Y Rosalía, para empezar, asoma a este mundo como bautizada inscrita sin padres conocidos.

"Es más fuerte, si es vieja la verde encina; más bello el sol parece cuando declina; y esto se infiere porque ama uno la vida cuando se muere". Leerle cosas como ésta nos hace entender que hay que ser constante en el empeño de abundar en su obra. Que hay mucho que aprender en sus 'La flor', 'Cantares gallegos' o 'En las orillas del Sar' que es justo donde está su monumento.

Si luego te giras, complacido del encuentro con la poetisa galega por excelencia, hacia la izquierda te encuentras el rio. Contémplalo y escucha, diríase que sus aguas se saben los poemas de memoria. Es más, lo que realmente me parece es que los versos de Rosalía se hubieran licuado para ocupar el cauce que une, a través del Ulla, la ría de Arousa con el mismísimo Santiago de Compostela.

Meses después de aquel Camino siempre nos quedará la encina, tan bella por vieja como por verde. Y el gusto por ese sol que, a esa hora precisamente, se ponía anaranjando los brillos de modo tan especial. Y la vida tan valorada cuando ésta ha avanzado enseñando tantísimas verdades. "Es feliz el que soñando, muere. Desgraciado el que muera sin haber soñado", Rosalía dixit.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Aprender a perder lo que ganaste

Vivir es aprender a perder lo que ganaste. Lástima que uno no se da cuenta de ello hasta que la cosa se ha puesto tozuda en el empeño de seguir llenando el zurrón de lo propio. Y aún podría quedar pendiente que la bajada de tensión que alimenta hoy la felicidad no olvide hipotecas con aquellos que son los tuyos y que, sin poder permitirse tu nueva visión cincuentona de las cosas, han de seguir creciendo.

Pero vivir es, cada vez lo tengo más claro, aprender a perder lo que ganaste. Incluso incitarlo. Provocarlo. Alentarlo... Y es entonces cuando coges una camisetilla gris y, con la mochila justa, aprendes esa austeridad que depura viejas ambiciones de tres al cuarto y desvistes al hombre viejo que has dejado por el camino de las galas antiguas cuya apostura adoptada entonces igual hoy hasta me enrojecen. 

Dónde haya quedado, al llegar a esa pintoresca fuente, el impenitente dogmático que fui es un misterio de no fácil desciframiento cuando la pinta mía alcanza la gloria de terminar pareciéndose más a la de la lugareña que friega mirándome entre curiosa y socarrona. Ella me habla del tiempo. Pero sé que pulsa mi aliento, mi ánimo, mi motivación. Y lo hace tan poco pretenciosa que me invita a contarle cosas.

Albert Espinosa es un escritor prolífico que ha conseguido llevar obras suyas a series televisivas de éxito como aquellas 'Pulseras rojas'. Su genio vital, enarbolado exuberantemente en 'El hormiguero' me ha dejado noqueado a sabiendas que sus tres cánceres sucesivos, la ausencia de una pierna, el pulmón perdido o el hígado hecho trizas le han dado más que lo que le han quitado a su salud tantas desgracias.

Acaba de decirlo: "Vivir es aprender a perder lo ganado". Algo parecido me tenía muy dicho mi compañera en la vida, cuyo Parkinson nos deja perplejos regalándonos una y otra vez oportunidades de oro para no desperdiciar ni un minuto en ambiciones memas o ganancias que no alimentan más que la infelicidad. Ella hizo esta foto. Lo vio claro en plena cháchara lugareña con la señora de la fuente.

Su cerrado acento galego, tan dulce sin embargo, me ha generado, meses después de esa parada estival, la fantasía de una conversación que no fuera tan intrascendente como mi gesto, aparentemente más empeñado en cerrar bien la cantimplora y colgarla en lugar indicado. Ahora estoy convencido que me decía justo lo mismo que Albert y Carmen: "Rapaciño, vivir es aprender a perder lo que ganaste!".

martes, 14 de mayo de 2019

No sin calzarte mis botas

Elige las que quieras. Ahí las tienes. El zapatero de un albergue del Camino de Santiago es depositario de mucho más que calzado y polvo. Dentro de cada una hay el sudor suficiente como para que hagan llegar al curioso el olor del cansancio, del sufrimiento y hasta de las profundas razones que cada uno tiene para revestir sus pies con ellas protegiéndolos y alentándolos en la marcha.
 
Están ahí las mías y también las de mi compañera en la ruta de la vida. Búscalas. Y aunque no las encuentres hazte a la idea que te las calzas y que, sólo sabiéndote capaz de sentir sus apreturas, podrías acercarte algo a la posibilidad de creerte con el derecho de enjuiciar mi camino. No lo hagas nunca sin el previo ejercicio de ponerte en mi piel, de conocer mis razones.
 
Son fundamentales en el sendero, que tantas veces propone tramos, ocasiones, decisiones y circunstancias tan fácilmente criticables como inútilmente dignas de la menor consideración cuando se constata la falta de contraste, de perspectiva, de escucha de aquellas condiciones que obligan, de predisposición alguna a la empatía o a la compasión, que no es otra cosa que 'sentir con'...
 
Sentarse frente al zapatero de un albergue es una gozada, una experiencia muy recomendable. Están los alegres peregrinos que llegan como si no les pesaran los kilómetros y casi las tiran desde lejos entre risas, los que llegan con la piel manifiestamente curtida por la crudeza de la jornada y también los que ni siquiera se atreven a quitárselas por cómo puedan encontrarse sus pies.
 
Sé benévolo. Pero no dejes de mirar. Sé analista. Pero nunca juez. Sé curioso. Pero siempre capaz de ir más allá de las preguntas que te pasen por la cabeza. Sé testigo de tantas actitudes como la vida genera. Pero jamás fiscal acusador de todo aquello que creíste conocer y de lo que el tiempo terminará demostrando que jamás tuviste ni puta idea. 
 

lunes, 13 de mayo de 2019

Un árbol más?

En el bosque de la vida, la arboleda viene creciendo desordenada. O eso me parece a veces. Y eso no es malo. No en balde los elevados con orden y concierto quedan malparados con la consideración de verse como obra humana. Plantaciones programadas, calculadas, repensadas, calibradas, pautadas para que quede cercenado todo protagonismo para el individuo.

El Camino de Santiago da tantas veces para pensar en ello como esa masa arbórea, entre Caldas de Reis y Padrón, cerquita de la ribera del Umia, nos seduce más por adivinar a la Naturaleza dejando aquí y allá las semillas de la vida sin dictados rigurosamente preestablecidos. Y ello es lo que embarga el espíritu del peregrino. En la ruta jacobea y en la vida.

Retomo la escritura rescatando aquellas imágenes de nuestro pasado verano cuando hemos salido de unos comicios y ya estamos ante otros. Y lo hago cansado de aquellos que se empeñan en pregonar que viene el lobo cuando la diversidad del pensamiento democrático tuerce el morro por diestro y siniestro. Sí, en todos los puntos del espectro hay aspirantes a sentar cátedra.

Pero los árboles crecen buscando la luz allá por donde los otros van dejando hueco. O pugnando con el vecino por el mismo punto en la gran copa común que los colectiviza. Incluso no faltan los que se remangan todo esfuerzo para, sin más espíritu que el de sobrevivir, quedar bajo otros que imponen implacables su sombra. Pero si fuera una opción propia...

A veces se nos olvida que somos poco más que parte de ese bosque en el que la vida bulle. También a veces se nos olvida que, aun en medio de la masa verde, cada uno de sus miembros son individuos con opciones propias ante el mundo. Pese a las oportunidades de la socialización para provecho personal. Y, con todo, yo me voy a negar siempre a ser un árbol más. Salga el sol por donde salga!