sábado, 27 de marzo de 2010

Esto no es un paseo


Tanta lluvia como nos ha acompañado hasta hace no mucho pudo llegar hasta la Semana Santa. Muchos pensaron que ocurriría. Pero el sol ya pregona que no habrá problemas con las procesiones, al menos las de mañana Domingo de Ramos.
Tanto trabajo como se ha ido amontonando durante las pasadas semanas de Cuaresma desde uno y otro sitio pudo cargarme de stress al punto de no llegar como Dios manda hasta mi estación de penitencia en las filas de la Hermandad del Perdón.
Tanta gana acumulada venía apurando ya el estado de quien, consciente de que el que espera desespera, comienza a estar viejo para soñar con nada que no sea salir adelante de los mil marrones que origina, por ejemplo, la actual crisis.
Y, sin embargo, mi satisfacción se centra hoy en una túnica azul colgada, en un sol que está donde debe estar, en una pasión que llega al momento aguardado durante tanto tiempo, en un ánimo ajustado a la realidad como el cinturón de esparto lo estará pronto a mi menudo cuerpo.
Bueno, pues no basta con el soleamiento garantizado ni con la saturación diluída ni con la ilusión enarbolada ni con la cuentaatrás puesta en marcha. Una hemorroides (debo ser el único que no busca sufrirla en silencio) se ha asomado a la fiesta de estas vísperas.
Así, entre sentada de lado en el sofá de casa y pesadilla imaginada sobre los duros bancos de una Catedral en la que la dirección de cofradía colocará los números de los sitios en unas horas, ya miro la túnica con cierto temor. Nadie dijo, en cualquier caso, que esto fuera un paseo.

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