martes, 13 de julio de 2010

Guerra a los Tercios de Flandes siglos después


Me he estado acordando estos días de algunas escenas de 'Alatriste', de la película o de la misma novela directamente que igual da. Memoria viva de aquellos Tercios de Flandes, algunos talantes de las tropas del imperio en el que no se ponía el sol asoman con especial curiosidad desde aquellas costas que, en la ficción, representaban a la actual Holanda (La Caleta en realidad).
Incluso eché en falta alguna referencia en unos titulares deportivos muy dados a encarnar en las selecciones viejos tonos de naturaleza histórica. Ya podían haberse visto viejos sombreros de ala ancha -no cordobeses sino los de aquellos caballeros- en las gradas del Soccer City. O alguna de aquellas espadas toledanas enfrentadas con metálico timbre en sus secuencias.
Dicen que a los niños, de mi generación al menos, los asustaban allí convirtiendo al Duque de Alba, que aterró a los ascendientes de los actuales holandeses, en el equivalente al 'hombre del saco' para nosotros. Creo que, incluso, el himno de ese país noratlántico hace referencia a esa pasada dominación española de la que, parece, tanto abominan en la actualidad.
Bueno, pues hete aquí, que acaban de redimirnos de todo complejo histórico que, aunque fuera inconscientemente, pudiéramos tener los españoles varios siglos después. No hubo muertos en la Final del Mundial. Pero Van Bommel, De Jong, Van Bronckhorst, Van der Wiel, Heitinga y hasta alguno de los más creadores como Sneijder o Robeen sí que son para temblar.
Aún me duele, por ejemplo, la patada en el pecho de Xabi Alonso o las entradas a los tobillos de Iniesta o... Ni siquiera me complace lo suficiente haberles ganado la copa. No es deporte lo que yo les vi a los de naranja este pasado domingo. Ni mucho menos. De hecho, no creo que tenga nombre que deba pronunciarse aquella batalla en la que ellos convirtieron el partido.
Y, aun sin tener en mi caso una sóla gota de aquella sangre de Flandes (supongo), siento vergüenza, muchísima vergüenza, que no por ser ajena es menos desagradable. Lo aseguro. Más bien todo lo contrario. Esto es sólo fútbol. O al menos debía serlo. Y aunque cuando yo jugué lo hice siempre de central jamás se me ocurrieron entradas como las que les vi sobre el verde africano.
Mi primer Mundial en el recuerdo fue el del 74. En aquella final iba con Holanda, la de Cruyff sí que daba gusto. Alemania me parecía... otra cosa entonces. Ahora, y vistos 36 años después los comportamientos de estos últimos en la semifinal y de los otros en la final, cambio de posición y proclamo mi admiración por los germanos.
A chincharse!

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