domingo, 27 de diciembre de 2009

El corazón por bandera


Se pierde hoy, día de San Esteban (por 27 de diciembre) y también de la Sagrada Familia (por último domingo del mes), la estela de la fecha de la Navidad, envuelta del conveniente celofán de esa parentela inconfundible a modo de escolta adecuada como el Niño nacido hace un par de días necesitó de María y José.
No es mala fecha, por tanto, la de esta familiar estampa, para concluir, antes de que mañana lleguen los Santos Inocentes y pronto se nos secularicen las fiestas con las trazas propias de la Nochevieja, que, en la batalla por los balcones, son ellos -sobre todo Jesús, claro- quienes ganan la partida a aquellos Santa Claus colgantes.
La cuestión, más allá de ganancias tontorronas, es la verificación de una realidad cultural y socialmente evidente por mucho que nos hayamos dejado perder ante los efectos del colonialismo que vino a arrinconar, para beneficio de otros, los signos de la tradición cristiana. Así, y ahora que nos descuelgan crucifijos, es un placer esto otro.
Pequeñas balconeras en ventanucos de pisitos modestos o verdaderos estandartes navideño-cristianos como éste otro que, enorme tanto por su tamaño como por su intención, cuelga de la fachada del Colegio María Auxiliadora, esta novedosa costumbre viene a emparentar, además, con colgaduras y reposteros tan del uso tradicional y festivo.
Las cosas no son como algunos maquinan de forma inmisericorde sino como el corazón, más o menos confeso, siente en lo más profundo de sus convicciones. Dicho lo cual, y visto por tantos sitios este año, no queda sino comprobar que la naturaleza del pensamiento que nos colectiviza tiene mucho que ver, además, con la esencia de la Navidad.

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