miércoles, 15 de mayo de 2019
Aprender a perder lo que ganaste
martes, 14 de mayo de 2019
No sin calzarte mis botas
lunes, 13 de mayo de 2019
Un árbol más?
El Camino de Santiago da tantas veces para pensar en ello como esa masa arbórea, entre Caldas de Reis y Padrón, cerquita de la ribera del Umia, nos seduce más por adivinar a la Naturaleza dejando aquí y allá las semillas de la vida sin dictados rigurosamente preestablecidos. Y ello es lo que embarga el espíritu del peregrino. En la ruta jacobea y en la vida.
Retomo la escritura rescatando aquellas imágenes de nuestro pasado verano cuando hemos salido de unos comicios y ya estamos ante otros. Y lo hago cansado de aquellos que se empeñan en pregonar que viene el lobo cuando la diversidad del pensamiento democrático tuerce el morro por diestro y siniestro. Sí, en todos los puntos del espectro hay aspirantes a sentar cátedra.
Pero los árboles crecen buscando la luz allá por donde los otros van dejando hueco. O pugnando con el vecino por el mismo punto en la gran copa común que los colectiviza. Incluso no faltan los que se remangan todo esfuerzo para, sin más espíritu que el de sobrevivir, quedar bajo otros que imponen implacables su sombra. Pero si fuera una opción propia...
A veces se nos olvida que somos poco más que parte de ese bosque en el que la vida bulle. También a veces se nos olvida que, aun en medio de la masa verde, cada uno de sus miembros son individuos con opciones propias ante el mundo. Pese a las oportunidades de la socialización para provecho personal. Y, con todo, yo me voy a negar siempre a ser un árbol más. Salga el sol por donde salga!
lunes, 24 de septiembre de 2018
Volando alto
Si vuelves de la playa y, para el resto de la tarde, te queda, antes de la cena y el descanso nocturno en el albergue, un pasacalles en una Redondela en fiestas que se agarra a las risas y la interactuación entre figurantes y público, pues a disfrutar sin más. Los peregrinos también gozan.
El aviador tenía desparpajo, doy fe de ello. Pero la peregrina le superó cuando se fue para él y lo cogió del brazo. Fue entonces cuando el actor, entrante y con simpatía deslumbrante, fue superado por la visitante. Volar alto es el objetivo siempre. En lo importante y en lo aparentemente secundario.
Y el vuelo de Carmen, tan soñadora como realista, tan fuerte en ese gesto sonriente de la foto como en la crudeza de la sintomatologia, es tan elevado... Ya quisiera la gaviota patiamarela, con la mayor colonia del mundo en las cercanías Islas Cíes o los corvos mariños cristados o los mascatos...
Se vuela con la ilusión puesta en conseguir algo. Se vuela con el empeño puesto en abandonar la zona de confort para ello. Se vuela con el trabajo por alcanzar objetivos. Se vuela cuando empezamos a tener conciencia que el logro es posible. Y se vuela, claro que sí, en el camino sin esperar al destino.
Se vuela en un artilugio móvil con aspecto de triciclo venido a más. Pero se vuela si lo mostramos como todo un pájaro capaz de llevar nuestra alegría desde una calle céntrica de Redondela hasta el confín del mundo. Finisterres vengan para ser conquistados.
Así, el Camino, que ya admite a quienes andan, a ciclistas, a jinetes y hasta marinos a vela (según dónde pongamos la cruz en la credencial) invoque también la concurrencia de gente capaz de volar por los cielos del Campus Stelae que ofreció indicios a los peregrinos medievales.
Volar, como aquel cura lisboeta recreado por Saramago en su famosa novela del convento de Mafra, es elevarse desde el suelo en virtud del artificio mágico que nos lo permita. Pero, sobre todo, es subir desde nuestros supuestos límites, más cacareados que reales casi siempre.
Carmen es tecnología incomprensible (como las raras bolas del eclesiástico para la passarola del relato) que me permite el vuelo necesario, aquél que creyera imposible salvo que me dejara convencer por esta rubia decidida que tengo más poderes que los enarbolados hasta ahora.
sábado, 15 de septiembre de 2018
Cruceros
Palabras mayores. Eso es, en el Camino, toparse con una de estas referencias de la fe que trajo al Apóstol a España. Y como lo que lo hizo venir a estos pagos fue lo que fue, primero evangelizar y luego la fe de sus discípulos tras su martirio, parece que ello haya de ser reconocido.
En la ruta de cada cual hacia Compostela se cruzan, per secula seculorum, motivaciones ciertas y desmotivaciones sólo superables paso a paso, creencias y ateismos, profundidades y tibiezas, confesionalidades manifiestas y también esas respetuosas actitudes sin fe de fondo.
La universalidad espiritual de este viaje, al ser de cuanto peregrino se procura un camino pleno de verdad, es una legítima heredad cuajada con el paso del tiempo. Y ello, sin que la Iglesia consiga monopolizarlo, es riqueza que ésta también abraza recibiendo a todo hijo de Dios.
Pero el Camino es largo. Si se pone en marcha pronto desde luego, pero además si hacemos de él esa experiencia iniciática que no termina en el Obradoiro. Y, en esa condición de aliento y recordatorio cristiano, son preámbulo de la Catedral de Santiago ermitas, oratorios y cruceros.
Éstos últimos, pétreos monumentos al signo de la Cruz, conectan de modo muy especial con los trasiegos medievales que advirtieron en el origen de las peregrinaciones, incluso como indicaciones en los cruces de camino, de la inspiración primigenia de todas y cada una de las rutas.
De nuestro Camino Francés de hace dos años nos quedan en la memoria, con viveza evocadora, todos los que, entre el de Santo Toribio a la entrada de San Justo de la Vega o la mítica Cruz del Ferro y el preciosista de San Francisco en el mismo Santiago, nos invitaron al detenimiento y la oración.
El reencuentro con ellos en nuestro Camino Portugués ya nos hizo acudir al primero que, en el día de espera y preparación de Tuy, encontramos en la Plaza de la Armada Española. Y lo cierto es que no se buscan. Salen al encuentro con Cristo y María en reconocibles trazas románicas.
Llegando a la preciosa ciudad de Pontevedra, el Lugar de Santa Marina tiene frente a frente, allá por Vilaboa, ermita y crucero. Oración, sello y foto deja y se lleva el peregrino. También un último consejo de ese señor que, desde el lugar del desayuno, no dejó de aparecernos por doquier.
Tomaba café quien luego fue asomando durante kilómetros. Misteriosos encuentros de quien tanto sabía del Camino y, por mucho que avanzábamos, nos abordaba siempre en sentido contrario. Santa Marina acogió su último consejo: "Girad al bosque de la izquierda, os dejará en puertas de Pontevedra".
Una playa en el Camino
Avanzar en sus aguas es notar que otro bosque despliega vida bajo la superficie. La densidad de sus algas abraza las piernas de estos peregrinos que se atrevieron con el baño sin haberlo previsto en su mochila. Pero no obstó, aunque se asomaron al episodio ciertas miradas de soslayo, para que el Atlántico los recibiera y el baño se consumara como parte de la aventura jacobea.
A la derecha el pueblo y, en el barrido desde el punto que muestra la foto, el recorrido de cuanto emocionó a estos caminantes varados voluntariamente en las arenas de tan espectacular paraje gallego fue ofreciendo el fondo de la ensenada y más tarde, antes del puente de acceso a Vigo que cruza la ría a nuestra izquierda, las islas de San Simón y San Andrés.
Dispares de tamaño, pese a que las dos aparecen como poco más que coquetos navíos disfrutando de la quietud de las aguas, sendos trozitos de tierra abrazados por el mar se muestran, unidos por un pequeño puente, como guardianes de los secretos de una historia cuajada de viejos relatos que hablan los ocupantes de un monasterio, un orfanato y una cárcel.
Una edificación que en la lejanía pareciera un palacio sugerente fue, sin embargo, casa de acogida de unos u otros dependiendo del momento de la historia que consideremos. En la actualidad, San Simón es llamada 'Isla del Pensamiento' y, a ciencia cierta, su actividad cultural es, auditorio y biblioteca de por medio, motivo suficiente para una nueva imagen.
martes, 11 de septiembre de 2018
Agua fresca
Sé de alguien que, por tratarse de hombre interesado en estas cuestiones más allá de la personal satisfacción de su sed, se tomó la molestia de hacer el Camino Francés contando desde Sarria la "docena de fuentes naturales (no cloradas) aceptablemente acondicionadas para su uso de boca en todo el camino". Se trata del geólogo Antonio Castillo, curioso de una situación que llama la atención: sólo doce a lo largo y ancho de todo ese itinerario que, hasta Santiago de Compostela, supera el centenar de kilómetros! Muy pocas aunque no todas las que hubieron tiempo ha, antes que muchas fueran incorporadas a la red de abastecimiento y otras, sencillamente, quedarían inservibles.
Un ejemplo que nos llamó la atención a Carmen y a mí en nuestro Camino Portugués fue el de los lavaderos. Tantos de ellos medianamente conservados en lo arquitectónico, incluyendo en no pocos casos alguna indicación con vocación de comunicación de interés turístico, pero prácticamente ninguno abastecido por el agua que un día permitió la puesta a punto de camisas y enaguas. Y sin embargo el agua está ahí, siempre, constante en su refresco visual y sensitivo del caminante, en esta Galicia que enamora por muchas cosas pero de modo especial por el tono húmedo de sus pastizales, cultivos, huertos, setos, sotobosques y, sobre todo, sus bosques.
La espesura de la arboleda nos envolvía cuando comenzábamos a dejar de escuchar los zumbidos de los aviones que despegaban o aterrizaban en el aeropuerto de Vigo. Otro Padrón previo al que aguardamos en la última pernocta antes de alcanzar Santiago este año, más pequeño que el de Rosalía y Cela, más discreto que el que custodia el pedrón donde dice la leyenda fue amarrada la barca que trajo los restos de Apóstol a estas tierras, queda a nuestra izquierda. Es ya el concello de Redondela. Y, de hecho, en cuanto saliéramos de aquel bosque y se nos abriera la olla en la que se encuentra ubicado, comenzaríamos a sentir que el mar no esta lejos.
Pero el bosque tenía para nosotros una sorpresa. La que más pudiéramos ansiar en ese momento. El agua. El sol estaba a punto de colocarse en todo lo alto. Las temperaturas que amenazaban nuestra ruta desde fechas antes de comenzar en Tuy se estaban cumpliendo y el pegajoso calor gallego atizaba. Y, bebiendo pero sin que fuera ello lo sustancial, un mínimo claro en la arboleda, el justo para mostrar una terminación pétrea para evidente uso humano, nos refrescó como apetecíamos. Descalzarse en el Camino es, especialmente cuando el sitio parece haberse diseñado para ello, lujo de los que algunos gustan denominar asiático. Ahí está, para gozo de caminantes y sorpresa en puertas de Redondela.
Ésta es agua que se vierte sobre redondel de piedras de granito que hacen plato para que no se encharque el paraje. Agua perfectamente conducida por un canal con trazas de abrevadero cuyo extremo chorrea la vida misma sobre los pies cansados. Agua fría, agua limpiadora de sudores pero también de auras prestas a entrar en la localidad de pernocta habiendo recibido abluciones certeras y proporcionando ánimos adecuados. Redondela nos espera, sabe qué nos ofrecerá y que dispondremos de horas suficiente para disfrutarlo todo. Ha sabido salirnos al paso como hospitalero cabal, para que la actitud del peregrino sea la mejor en esa tierra que nos asomará a la Ría de Vigo. Ésa será otro agua.
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| Fuente en pleno bosque, a pocos kilómetros de Redondela |


