sábado, 16 de julio de 2022

Si la Reina de los Mares...


Si la Reina de los Mares
es un faro entre las olas...
si el color de la amapola
es pasión en los lugares...

en que se saben cabales
las glorias que pasan solas,
dime Carmen si no es hora
de anotar en los anales...

que los gozos más veraces
son aquellos que en las cosas
del día a día esbozan 
las virtudes más mordaces.

Sé feliz sin que retrasen
pequeñeces lo que ahora
interesa sin demora,
mi amor, mi querida Carmen!

martes, 12 de julio de 2022

Marrakech sensual


Bajaron del avión aún confusos por los trámites. Los frescores del vecino Jardín de Menara, que aún no habían disfrutado, no aliviaban de esos 45 grados con los que llegaron a la Ciudad Roja de Marruecos.

Marrakech rezuma pintoresquismo por descubrir a fondo en la Medina. Pero el curioso efecto de apartarse de la urbe moderna para inmiscuirse en el laberinto del callejero histórico parecía decir otra cosa.

No en balde, más que el efectista impacto del escenario, sintieron la entrada en la vida de verdad. Y, antes que se percataran de ciertos aprendizajes útiles sobre la ciudad, llegaron mil sensaciones inexplicables.

Bab el-Djedid, Koutoubia, Djemaa el-Fna; más allá, a la derecha, la Kasbah, las Tumbas Saadíes, el Palacio de la Bahía, más adelante la Madrasa de Ben Youssouf, lejos de la Medina los Jardines Majorelle...

Podían conocer la historia. Pero ya sabían que era más importante que la pituitaria se llenara de los mil matices de las especias, que las papilas acopiaran ciertos sabores únicos, que la viveza de los colores sacudieran...

Y así, embriagados de semejantes excesos sensoriales, alcanzaron el riad. El alojamiento, como se esperaba, reunía la esencia de la arquitectura árabe: ubicación recóndita, austeridad exterior y eclosión interior.

El té de menta con que fueron recibidos, el acento de los lugareños al cargo del establecimiento, las filigranas propias del confort árabe, la suite espaciosa y meticulosa en su decoración...

La excitación de los recién llegados no supo sino a estimulación sin medida, en sutil singladura desde la moderación de la llegada a un sitio desconocido hasta la sensual toma de posesión del lugar.

Ambos percibían a las claras, desde el minuto cero, qué era menester entregar dentro de la habitación para corresponder con exuberancia a tales efectos. Y casi sin deshacer las maletas comenzaron a colmar sus deseos.

Entonces despertaron, tomaron las maletas ya preparadas y condujeron hasta Sevilla. Todo había sido un sugerente sueño que, ahora sí, iban a poder cumplir una vez tomado el vuelo previsto. Desde el sábado estaremos en ello.

El ejemplo de Gabriel


"Pepa me ha dicho que cumples lo que se te encarga con mucha puntualidad, y sobre todo con gran reserva; que eres formal a toda prueba; me ha dicho también que tienes imaginación, y que podrías ser en otra esfera un hombre de provecho". Así es Gabriel de Araceli, o así lo cree Amaranta.

Esta noble decimonónica apela a referencias recibidas para tomarlo a su servicio. Mi tocayo es el protagonista de los primeros 'Episodios Nacionales'. Extensa relectura estival es la que me propongo de la mano de Pérez Galdos. Voy por 'La corte de Carlos IV'. Feliz reencuentro en cualquier caso.

El concepto "hombre de provecho" parece en desuso. Y lo cierto, a mis ojos al menos, es que no creo que haya sido bien sustituido aún en este siglo XXI. Hacer algo por sí mismo y la sociedad (que ello es ese provecho que habrá a quien le suene a rancio) no parece hoy algo que merezca la pena.

El consumo inmediato es lo que manda. Y ser "de provecho" parece brindis al sol, apuesta de futuro, atavismo que solo alimentara una cierta infelicidad por la vía de la autoexigencia. Y es ahí donde nacen las incomprensiones para aquellos que ahora hablen de meritocracias o excelencias.

Llama la atención Gabrielillo. Disculpen las confianzas, pero lo hemos conocido en la novela anterior apenas púber en plenos prolegómenos de Trafalgar. Es un chico de su tiempo. Con ganas de agradar. De parecer alguien que merece la pena. Creciendo desde abajo y con miras altas.

Decimonónico chaval que, hijo de un pescador de Cádiz, supo encontrar enseñanzas como ayuda de un militar de la afamada batalla y ahora se busca la vida en aquel Madrid tan peculiar de las vísperas de vérselas con los gabachos. Poco tiene que ver con nuestros chicos y chicas actuales.

Pero yo que soy amigo del "ni tanto ni tan calvo" creo (y conste que lo reflexiono con el relajo mental con el que se lee en vacaciones) que algo podríamos recuperar para una sociedad con sus propios valores que, para según qué cosas, luce una importante amnesia. 

¿Que me estoy haciendo viejo? Es posible. Pero de lo que estoy seguro es de que nos falta leer. Muchas de las trazas para el futuro más deseable las encontramos en esas estampas que ahora leo en mi ebook. En qué o en quién estoy pensando mientras reflexiono es lo de menos. Créeme.

sábado, 9 de julio de 2022

Que nadie me busque cura

La traducción al latín es mi estado de WhatsApp, lema de vida que señala un ánimo que se renovó en su día con gran ayuda de la peregrinación jacobea y que me permitió aprender algo importante: el estatismo sólo nos permite quedarnos a vivir en el albergue del inmovilismo.

Mi 'semper itinere' ya tituló otra entrada de este blog hace un año. Laten permanentemente las enseñanzas del Camino francés (2016) y portugués (2018) que contribuyeron tan decisivamente a la confirmación de tantos detalles como avalan mi hoy y que tantos siguen sin entender.

Es julio, a 15 días de la fiesta de Santiago, Año Santo Compostelano, mi amigo Josemari Núñez me manda fotos del suyo inglés recién hecho y mis hijos Sergio y Carlos preparan el que realizarán en el marco de la Peregrinación Europea de Jóvenes, cita auspiciada por el Papa Francisco.

Y ahora, para más 'inri', es nombrado Jesús Rodríguez Arias para que pronuncie el Pregón Jacobeo de Jerez. A riesgo de parecer poco correcto, no me quedaré sin decir que todo lo que mi amigo dice es 'lavangelio'. Razón por la cual lamento mucho estar en el extranjero cuando ello ocurra.

Corazones 'semper itinere' faltan en el mundo. Y el Camino de Santiago es tal fuente de inspiración que canso recomendándolo a diestro y siniestro. Hace cuatro años que no salgo a esos itinerarios jacobeos pero el bicho del cambio ya me picó en su momento. Que nadie me busque cura.

viernes, 8 de julio de 2022

Las intermitencias de la palabra

"La muerte volvió a la cama, se abrazó al hombre y, sin comprender lo que estaba sucediendo, ella que nunca dormía, sintió que el sueño le bajaba suavemente los párpados. Al día siguiente no murió nadie".

Hace ya un tiempo que leí a Saramago esa obra "maravillosamente absurda", como fue calificada en el San Francisco Chronicle, que es 'Las intermitencias de la muerte'. ¿Qué pasaría si viviésemos eternamente?

Las contras se imponen finalmente a los pros por una mera cuestión de supervivencia. De los que necesitan que la gente se muera y también de un planeta en el que sería absolutamente inviable que no hubiera 'limpia' diaria.

Mis intermitencias de la escritura, en éste mi blog, parecieran falta de tesón pero es, en realidad, mecanismo de evitación. Ay si escribiera todo lo que pienso. Pero la tozudez de la lógica se impone. Y vuelvo.

El efecto de aquellos que sienten mis escritos como tocamiento testicular del prójimo -los enemigos de mis libertades, claro- es apenas parada y fonda que serene a los inquietos. Y posterior consagración de mi objetivo.

Aquí estoy, pues, para que 'Palabra de Gaby' mantenga el tono de impresiones a vuelapluma que se propuso en su día. Y, a decir verdad, apenas con el arma de la palabra como esencia de mi lucha.

"Yo no escribo para agradar ni tampoco para desagradar. Escribo para desasosegar", decía el literato luso. Salvo las distancias pero a ello me aferro. Una sacudida, de vez en cuando, viene bien a todos. A vosotros, también.

viernes, 15 de abril de 2022

Noche de Jesús, noche de preguntas

El Señor procesiona por la pantalla plana. Y por las calles de mi alma lo hacen sentimientos encontrados. Es Noche de Jesús ésta en la que sigue ocurriendo, y ya se nos está yendo la Semana Santa del reencuentro con las cofradías, algo muy extraño. Difícilmente explicable.

Más allá de la tele, parece que existe aún el repeluco de lo popular al servicio de una trascendencia tan necesaria para todos. Más acá, tres años después de la última como Dios manda, sigo sin esa epifanía de aquello de siempre. Llego a esta noche, de hecho, con vacíos de dudosa reposición.

Aferrado a esa fe que sí que es inquebrantable, alcanzo el momento vital de la ausencia del miedo a las preguntas. Y van surgiendo una a una, como procesión de penitentes de un valiente recorrido por las cuestiones que de verdad son importantes en la vida. Era solo cuestión de atreverse.

Y la mirada se aferra a la serenidad. Me empeño pero siempre habrá un 'marquillo' presto a jalar porque le sale del alma. E impongo la reflexión sobre lo importante, mal que me pese que mi abundamiento en todo aquello que me hace feliz sigue haciendo rafting por aguas procelosas.

¿Son cosas mías o el virus y sus consecuentes restricciones de tanto tiempo se ha llevado por delante una parte sustancial de aquello que me ataba a las cosas, a las costumbres, a las tradiciones? Aún falta la Pascua. Lo cierto es que ahora que se puede no estoy en la calle esta madrugada. ¿Por qué? Qué sé yo.

domingo, 27 de marzo de 2022

Agarrado a la zambrana, por fuera

Es IV Domingo de Cuaresma. En dos semanas, Domingo de Ramos. Tiempo de esperanzas e ilusiones, sensaciones y escalofríos, realidades y leyendas. Leyendas... Sí, esos celofanes que envuelven los hechos de modo que, al trasluz, hacen bello lo doloroso.

Permitidme el relato de los acontecimientos que envolvieron a un costalero entusiasmado con el papel que le correspondía una vez llegado el momento. De cómo igualó con expectación y metió hombros con gallardía. De cómo vivió aquello para lo que creyó nacer.

Se entregó con tanto denuedo que, seguramente, no midiera las fuerzas que regalaba con derroche. El de arriba, Aquél al que portaba sobre la canastilla con tanta fe, le ayudaría cuando flaqueara, cuando tocara que el peso se le viniera con mayor acritud.

Las chicotás fueron llevándole paulatinamente desde la ilusión hasta el resoplo, desde el cansancio hasta la inquietud, desde el apretón de dientes al marasmo. Es cierto que habían pasado ya muchas horas. Pero no concebía perder disfrute durante ese camino de gloria.

Llegó, sin embargo, el triste momento que venía temiendo desde que se inició el regreso al templo. Lo evitó con rabia. Quiso borrar la tentación de su mente. Pero los acontecimientos se aliaron en su contra. Y el cuerpo cedió irremisiblemente.

Pidió salir del paso. Pero nadie lo entendió. Clamó su debilidad. Pero nadie lo escucho. Exclamó con urgencias su estado. Pero nada hacía ver que los compañeros de cuadrilla fueran jamás a comprender su hundimiento. Y, cuando hubo de salir, cundieron los reojos.

Se agarró a la zambrana y, sin soltarse, quedó en el lateral del paso. Seguía aferrado a ella desde fuera. Y no se soltó en todo el camino. No quería estorbar, por eso pidió el relevo. Y tampoco lo quiso cuando las levantás o las arriás pedían que se soltara estando fuera.

Allí, sin que nadie supiera de su presencia, continuó ayudando una vez también los compañeros se vieron envueltos en la debilidad. Eran tiempos de losa a losa y no cabían más esperanzas que las que el Señor infundiera entre su gente de abajo.

Cuando más hizo falta, más carne puso en el asador desde fuera, agarrando para que no se desplomara el paso. Jamás desde dentro hubiera podido ser más útil que lo estaba siendo así. Mientras, en el interior, los compañeros encendían de ira sus reproches.

Jamás habló de esa ayuda ni contestó a los reproches. Nunca urdió lavados de imagen ni tuvo otra cosa en su corazón sino el amor a los de dentro y la gratitud a Cristo que, en su Pasión, Muerte y Resurrección, tanto le sigue dando. Jamás soltó la zambrana. Hoy es feliz.