lunes, 27 de febrero de 2012

El centro se viste del color de la esperanza

Foto de Eva Lindberg
Nada que ver con la experiencia de la víspera de San Dionisio. Decididamente los colores jerezanos han ganado la mano a los andaluces a la hora de generar ambiente en el centro. Y, aún así, todo suma en el empeño municipal por motivar la presencia de los ciudadanos en la calle como posibilidad de incremento del consumo, de aliento al comercio y de mirar con esperanzas la mala situación que sufre Jerez. La denominada Tarde-Noche Blanca y Verde constituyó una nueva invitación que, aunque retada a intentar igualar el éxito de la similar cita azul y blanca del pasado otoño, puede considerarse un acierto que consolida la fórmula pese a que el movimiento en la calle, tanto de público como de oportunidades de negocio para las tiendas, fuera algo menor al de octubre. La avanzadilla de algunas de ellas con mesas en Larga, volvió a recibir al visitante.
La oferta de cuadros, libros, alimentación, bisutería, ropa y hasta baños árabes escoltaba, a la caída de la noche, el paso de un pasacalles poco pretencioso en el que los personajes de Barrio Sésamo bailaban al ritmo de la música del reproductor sobre ruedas que les seguía. No era mucho pero los niños lo agradecían y los ocupantes de las terrazas de los bares también. Aunque la propuesta era de tarde-noche, lo cierto es que el día tenía el aliado del sol primaveral de la jornada.
Por ello, la propuesta gastronómica apuntaba mejores maneras al amparo de las condiciones climatológicas del sábado. La I Ruta de la Tapa con Cuchara, por ejemplo, se convirtió en una propuesta lo suficientemente sugerente como para que no faltaran adeptos. Tampoco 'De rechupete', feria de productos artesanos que ofrecía vistas apetecibles en el Alcázar, dejó de contar con curiosos dispuestos a saber de sus sabores.
El propio castillo almohade era un fortín de la diversión para amantes de la fotografía, para los críos que disfrutaron del castillo hinchable y hasta para quienes optaron por la ruta turístico-cultural que culminaba en la Alameda Vieja. El movimiento de los coches de caballos y el trenecito nocturno que se ofertaba o el mismo ambiente de los paseantes generaba la sensación de interés para una cita que abrió, además, el Zoco de Artesanos.
La Banda Municipal puso banda sonora a una tarde que, con su concierto ofrecido en la plaza de la Asunción, dispuso de más música que la del propio flamenco del Festival de Jerez, cuyos contenidos de su recién iniciada nueva edición fueron aprovechados para enriquecer aún más el programa previsto por Cultura y Fiestas.
(La Voz, 26-Febrero-2012)

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