domingo, 12 de marzo de 2017

Romance de la cola

Ha tocado guardar cola
y eso siempre desespera.
Es la hora de almorzar
y tras aquella carrera
que nos llevó a Los Toruños
no hay otra: comemos fuera!

"Vamos a Valdelagrana?"
Vayamos, que esto no espera.
El estómago reclama
con gruñidos de pantera
y frente al mar hay opciones
para todas las carteras.

Y hete aquí que buscamos
montaditos en aquella
franquicia que tiene cien.
Qué idea más certera!
Pero tantos lo pensaron
que la cola larga era. 

Por delante un grupo de hombres
aguantando la llorera
de una pena subsanada
a base de humor de urgencia:
unas gracias, unas risas
y un puñado de ocurrencias.

Entonces llegó ocasión
de retorcerse de veras.
Apareció una chica 
sin ganas de tanta espera
y rogó a aquellos hombres
que un cocacola pidieran.

El turno le fue cedido
no sin sorna ni maneras
de expresar el buen humor
que se gasta en esta tierra.
Y, entre las bromas, un precio:
"Una cerveza te cuesta!"

Ni corta ni perezosa
la chavala les contesta
con una birra en la mano
que los dejó sin respuesta
Expresión del maremagnum
al que la cola se presta!

Y llegué yo al mostrador
con mi lista en la cabeza,
montaditos numerados,
patatas, baicon y cheddar,
la salchichas con sus salsas
y en mi mano la tarjeta.

Pero junto a tantas risas
aún faltaba la tragedia
de un infeliz infortunio:
"Mejor billete y moneda,
que se nos ha ido el wiffi".
Vaya por Dios y mi espera!

Y, a la chica que atendía
sin esperar mi respuesta,
le tocó que yo soltara
por la boca las postreras
razones de tanto encono:
"Un billete de diez queda!"

"Y yo de aquí no me voy",
dije rotundo: "Por ésta!"
"A ver como resolvéis
la molesta papeleta!"
Y aún dije otras cosas.
Quizá en el verso no quepan.

Pero tuve que callarme
con el rabo entre las piernas:
"Son diez euros, no se enfade,
basta el billete que lleva!"
Pues nada, que en esta cola
se amontonan las sorpresas.

Tenía mucho que contar
cuando llegara a la mesa
y, esperando a que llamaran
cuando el pedido estuviera,
los detalles provocaban
la risa de mi Carmela.

La megafonía nombraba
con cansina cantinela
a quien tenía preparado
lo que en listas 'comanderas'
quedó anotado exprofeso
pero aún faltaba en las mesas.

"Paqui!", dice el del micrófono.
Y, mientras llega y no llega, 
otros nombres en su boca
dan la risa en torrentera.
"Traviesa, Pedro, Rabiosa..."
"Paqui!", repite el que apela.

Qué de 'paquis' vienen hoy.
Es la misma y no se entera?
"Gabi!" Me llama el del micro.
"Paqui!" añade puñetera
la mención de aquél que llama,
cansado de quien no llega!

"Ha dicho Gabi o Paqui?"
La situación ya me altera
mientras yo me multiplico
y la ausente sólo resta.
Entre las mesas, miradas
y risas se cruzan llenas...

de complicidad no extraña
sufriendo aquella condena
que nos propone tu nombre,
Paqui de mis entretelas.
Dónde estas metida, hija,
que nos duele la cabeza

y haces salir al que llama
de la cocina a la puerta?
Con el gorro bajo el brazo
y desesperación cierta
grita, y con él todo el mundo,
el nombre de tal contienda:

"Paqui, Paqui, Paqui, Paqui...!"
Y la tal no es que aparezca.
Se la tragaría la tierra!
O quizá se derritiera!
Pero hacer cola y pagar
sin comer no hay quien lo entienda!


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