lunes, 26 de septiembre de 2016

Diario del Camino: Villafranca del Bierzo, 11-08-16

Oscurece el cielo sin paliativos sobre una ciudad pequeña a la que tanto marca su presencia a la falda de la montaña. El fresco es agradable tras otra jornada de 25 kilómetros que, sin embargo, hemos sido capaces de convertir en una fiesta tras el martirio de la bajada desde el Monte Irago ayer y justo antes de la otra gran subida de estas trece etapas que nos propusimos #3enelcamino: O Cebreiro nos espera mañana. Realmente nos quedaremos en puertas, inmediatamente antes del límite con Galicia.

Quizá por eso, y por su llanura, era un día esta quinta edición del Camino de Santiago para que la música de gaitas nos anticipara ya el inmediato ingreso en la comunidad autonómica más noroccidental de la península así como que nos sumara el buen vino de El Bierzo o que cupiera siesta sobre agradable césped en la ribera de uno de esos ríos que por estos pagos no se disfrutan sólo a base de paseo fluvial o pesca. Bañarse en ellos es el objetivo de los lugareños, aunque no sepan de calores como los agosteños en Jerez.

El caso es que la salida desde Ponferrada por el puente sobre el río Sil ya pregonaba sesteos posibles al albur de tan gratificantes sensaciones. Mascábamos la tranquilidad con que podríamos desarrollar tal etapa entre plantaciones de calabaza, perales, manzanos, castaños y viñedos. Y sólo con ella ya era más fácil ir tejiendo un rosario de visitas a templos que comenzó en San Esteban de Columbrianos y continuó en la ermita del Santo Cristo de Fuentes Nuevas, la iglesia de la Asunción de Camponaraya o la capilla superpoblada de pasos de San Roque en Cacabelos.

En ese ambiente, no dejan de ser muy estimables sugerencias, tan inesperadas como agradecidas, las de los sones de gaitas que nos envolvió en Camponaraya. Nos atrevimos a entrar en el local de ensayo y nos encontramos a dos chicos de la Escuela Castro Bergidum. Corregían una y otra vez un determinado fragmento de una pieza popular. Nos daba igual que sólo fuera eso y no todo un concierto en nuestro honor. Permitidme que reconozca que no sueño más llamativa entrada en la plaza del Obradorio que la que nos brindaría toda una escuadra de gaiteros. Iluso, verdad? Pues dejadme que lo sea si luego soy capaz de hacer fiesta por toparme con estos dos jóvenes instrumentistas en pleno ensayo.

Preparados para otra sorpresa agradable? Ya entré en Cacabelos avisado que no debía dejar pasar la oportunidad de probar los vinos bercianos. Y la aparición a la entrada de este gran pueblo de la sede del Consejo Regulador fue el impulso definitivo. Así, ya en su callejero, un patio nos enseñó una cafetería y tras ella un restaurante y más tarde un hotel, el Moncloa que, por la gracia de Dios, cuenta con una tienda de souvenirs y de productos típicos de la zona que, además, recibe al peregrino con una degustación de una determinada marca. Nos tocó un tinto con cuerpo de las Bodegas Martínez Yebra. 

La dueña, una enóloga cabal, fue junto a su empleada en la tienda anfitriona de esta pareja que le llegava desde Jerez con tal historia que contar de superación de las barreras del Parkinson por parte de Carmen. Seleccionados peregrinos de la semana para su publicación en redes sociales, fuimos fotografiados brindando, agasajados con empanada de carne, jamón y patata, abrazados y besados. Todo este recorrido camino de Villafranca del Bierzo ya era suficiente sobreexcitación antes de la dura jornada que mañana nos aguarda. Pero aún faltaba el molino del siglo XVII en pleno funcionamiento que nos invitaron a visitar. Una delicia de jornada!

domingo, 25 de septiembre de 2016

Diario del Camino: Ponferrada, 10-08-2016

Llegar a Ponferrada y sentir, a media tarde, que los 27 kilómetros caminados, bajada sólo apta para cabras desde el puerto de la Cruz del Hierro inclusive, han agotado las reservas es un ejercicio sicológicamente duro. Que raro que cuanto más ocurre más comprendemos el sentido del Camino de Santiago. Como alguna vez escribí de la Virgen para mi Pregón del Rocío de Jerez en el año 2000, el Santo Patrón tampoco puede quedarse en su hornacina sabiendo lo que estamos sufriendo por estos agrestes pagos leoneses.

Es como yo veía a aquella María marismeña saliendo a nuestro encuentro en la Romería de Pentecostés, porque a la corredentora y el Pastorcito Divino debemos la alegría de la comunión de bienes y tantas otras gracias de tantos rocíos vividos. Pues bien, sostengo que se ha visto al caballo blanco trotando por estos montes con el barbado Apóstol Santiago vaciando su zurrón de fuerzas insospechadas que derramar sobre nosotros para que alcanzáramos esta ciudad ya en la comarca de El Bierzo.

El Acebo con naranjas y refrescos, Riesgo de Ambrós con el almuerzo que necesitábamos y Molinaseca donde ya nos hubiera gustado remojarnos en su río como tantos vecinos del lugar han ido sabiendo de nuestras limitaciones vespertinas. Pero juro solemnemente que nada de ello empaña la gloria bendita disfrutada esta mañana en la Cruz del Hierro. Sendas piedras blancas y unas oraciones por los nuestros han sido colocadas sobre el montón de ofrendas pétreas que las décadas y décadas de peregrinos de paso por este Monte Irago han convertido en humilladero de sus faltas y liberación de aquellas situaciones que condicionan nuestra felicidad.

Antes, Foncebadón ha sido, con sus ocho únicos aldeanos, el punto de partida tras esa noche fría tan insólita en nuestros agostos bajoandaluces. Después, Ponferrada es, con sus 70.000 habitantes, el de llegada con su condición de población mayor de nuestro camino entre León y Santiago. Pero doy por sentado, aunque sea mi primera experiencia y aún tenga mucho que aprender, que el Camino es sustancialmente rural. La ciudad en la que hoy finalizamos tien, sin embargo, su aquél. Y, entre sus apetencias postjornada caminante, el Albergue Alea. Es un lugar sencillo en el que Amelia tiene sin embargo en vena el viejo sentido hospitalero.

Le preocupó nuestro retrasillo en la llegada, se alegró vivamente al vernos entrar, escuchó nuestra historia y todo ello lo hizo sacando de inmediato agua para calmar la sed de los peregrinos. Se mereció, desde luego, que le contara la fábula de la chica con Parkinson y el runnero con ínfulas maratonianas. No hay preparación que garantice el Camino físico. Sólo la fortaleza espiritual ayuda. O al menos la mental. Item más, ése es el único cargamento que no debe faltar en la mochila que proclamamos de las cosas imprescindibles. 

Érase una vez un hombre que descubrió fortalezas desconocidas a los cincuenta y, cierto es, enhebró empoderamientos de nuevo cuño en base a la actividad física. Y funcionó. Pero tuvo la fortuna el corredor de populares y medias maratones (de momento) de no perder el sentido, caminando en su ruta jacobea, y percatarse pronto que la debilidad en ese grupo de #3enelcamino (aún hay quien pregunta quién es el tercero) no reside en los efectos que el invisible compañero de fatigas, genera en Carmen.

Sabéis cuántas veces ha tirado de mí en los pedregales montañosos leoneses? Sabéis qué reaños pone en liza cuando los dedos encogidos del pie derecho la paralizan a dos kilómetros del albergue. El río Boeza acaba de ser testigo de. Y Amelia, el bálsamo al final del día.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Diario del Camino: Foncebadón, 09-08-16

El chocolate de Astorga también sana. Sabíamos bastante de la romana Asturica Augusta pero la vorágine del inicio del tercer día de Camino no permitía pensar en el cocido maragato o las famosas mantecadas. El Bar Madrid tenía para nosotros, sin embargo, ése otro manjar con fábricas y producción admirable. Un onzón de tan dulce alimento del que los primeros peregrinos carecieron, no en balde aún no estaba conquistada América ni descubierto el cacao, ha sido energizante adecuado. 

Ha sido al paso por Murías de Redivaldo, Santa Catalina de Somoza y El Ganso que la tableta de marras ha ido cayendo en parte. El resto quedó en el albergue de Foncebadón. Ya veis que, en nombres de pueblos, León es capaz de lo más sublime de la mano de nombres de santo o nomenclaturas con rancias reminiscencias medievales o de lo más enigmático con esa ave en un rótulo al que regalamos una sonrisa porque topárnoslo significa, al fin y al cabo, que seguimos avanzando.

Al contrario que el anterior, en este caso no podíamos presumir un inicio prometedor. Cuatro ampollas en mis pies y dos en los de Carmen daban, entonces, para pocas alegrías. Sería el caso del planteamiento contrario? La generación de esos daños para nuestros pies al final de la jornada anterior podía hacernos pensar que lo que mal empieza bien acaba? Velas al Ecce Homo de Valdeviejas, a la salida de Astorga, por si acaso.

Y el primer sello de un día nuevo en este periplo jacobeo tan cuajado de sugerencias. También ello estampándonos la credencial en este lugar con encanto maragato que, junto al propio de la ermita coqueta e invitadora a la piedad, tendría para esta pareja peregrina nuevo orgullo impreso además del que en Foncebadón nos espera para poner colofón al día. Antes, el de Rabanal del Camino, a seis kilómetros del final.

Esta tercera jornada de nuestro empeño compostelano afrontaba tramos más bellos así como la incorporación de la montaña. Un nuevo ciclo geográfico, dicen. Tierra de leyendas y misterios en cualquier caso me señalan. Tiempo de preguntarse qué hacen tantas cruces en el vallado del tortuoso último tramo antes de alcanzar Rabanal y almorzar.

No paramos de recibir recomendaciones para que cese la etapa en este pueblo en el que brillan su ermita del Cristo de la Vera Cruz, de encantador románico que aún observa un cierto perfume templario en la de Santa María o que dispone de lugares recomendables para comer. Nada de eso es lo que justifica la sugerencia. Más bien la idea de un tramo de por sí largo desde Astorga que, con todo, sólo añade seis kilómetros hasta llegar a la cima. Pero eso no significa que se caminen en un plisplás. 

Menudas pendientes. Repechos en los que la roca de pizarra gana la batalla al suelo fértil. Incluso a la mera pista de tierra. Pero... y si hacer ese último esfuerzo nos evita para mañana una jornada de más de treinta kilómetros y, lo que es peor, comenzarla con esos seis kilómetros que, fundidos como íbamos, hemos tardado casi dos horas en salvar? Nosotros no contemplábamos la incertidumbre. Y no sólo por los argumentos ya expuestos. 

También estaba la reserva hecha en un albergue sencillo y con cierto aire alternativo de nombre sugerente: 'La Posada del Druida'. Manos a la obra pues, a no arrugarse y no temer llegar más tarde de la hora a la que nos hubiera gustado. Total, tiene su encanto la caída de la tarde en la montaña. Pero casi 1.500 metros de altitud nos aguardaban. Desde ahí, eso sí, soñamos ya con la vecina Cruz del Hierro y ese rodar hacia abajo, en dirección a Ponferrada, que nos aguardan al día siguiente. 

Las piedras se amontonan a mis espaldas otorgando hoy a mi improvisado escritorio de madera, en un patio escueto pero suficiente, el aspecto que conviene y marida tan excepcionalmente con el aire puro que respiro. Respiramos profundamente Carmen y yo. No en balde le estamos tomando la medida al Camino. Hechos, lugares, anécdotas, sensaciones...

viernes, 23 de septiembre de 2016

Diario del Camino: Astorga, 08-08-16


Esto no es como empieza sino como termina. En la vida, en el Camino de Santiago y también en cada una de sus etapas. El tercer día nos aguarda con la Maragatería y El Bierzo como últimas comarcas leonesas. Y este segundo puñado de kilómetros afrontado inmediatamente antes, en este lunes caluroso, es un buen ejemplo. Iba a ser, como vaticinaban, igualmente latoso que la primera jornada, la que partió de León? O querrían Santa María del Camino y el Apóstol que nos aguarda regalarnos mejores momentos y menos dificultades?

La salida desde San Martín del Camino tuvo para nosotros un primer gesto desde el que empezar a encontrar respuestas: un único bar abierto para desayunar y nada de tostadas. Bollería industrial para todos! Pero desde ese momento comparecería uno de esos maizales que a medida que se agota el páramo leonés parecen permitir que la vecina Galicia asome. Y unas fotos divertidas y un bebernos el camino de modo que a las once de la mañana ya teníamos media etapa caminada y Hospital de Órbigo a nuestro alcance. Ayyy que rato más bueno en el pueblo con más sabor hasta el momento!

Alcanzar el puente medieval de origen romano que, con sus 19 arcos, ya fuera nombrado por Antonino fue un abrirse las puertas a un ratito especial. A un lado, Paso Honroso. Al otro, el pueblo que exalto por acogernos en nuestro primer cansancio con una frutería que, placeres a 80 céntimos, tuvo para esta pareja de peregrinos de estreno plátanos y melocotones. Los primeros, consumidos en esa pequeña placita arbolada, sentados a la sombra ante su única iglesia, San Juan Bautista.

A nuestro lado, un veterano visitante asturiano nos asegura, mientras lee 'El Comercio' de Gijón, que lleva 40 años veraneando en Hospital de Órbigo y que está encantado. No muy lejos, un sacerdote busca tan agradecida sombra. También el clérigo está de visita, aunque cumpliendo su diario encuentro con el oficio de la misa en este lugar encantador. Nos sonríe, nos da sus mejores deseos y nos pregunta de donde somos.

Los melocotones, disfrutados con piel y todo en una chopera entre Santibáñez de Valdeiglesias y el Crucero de Santo Toribio, a las puertas prácticamente de Astorga, se convertirían en el último momento agradable de la jornada. Ya lo sabemos, esto no es como comienza sino como termina. El sufrimiento está asomando en inesperados rincones del Camino. Esto es así. Basta con poner todo el empeño en recibirlo con humildad. Lo cierto es que, ya lo sabes, somos #3enelcamino: Carmen, yo y el Parkinson.

Las tomas de levodopa cada cuatro horas y media genera modos de alimentarnos muy saludables por otra parte, por los que respetando una hora sin comer y otra después delimita mucho los horarios para tomar cualquier alimento. Ella se cuida de cumplir con el medicamento y yo abrazo encantado unos horarios que no saben de tramos de ocho kilómetros sin ninguna referencia para almorzar. Así son las cosas, a veces, por estos andurriales.

El acelero necesario pues en la marcha puede desvirtuar el sentido del Camino que se pretendiera vivir paladeando cada paso. Y el resultado ha sido sumar en mis pies cuatro ampollas a las dos de Carmen en el primer día de nuestra ruta jacobea. Dolorosísimo el paso por San Justo de la Vega y la llegada al Albergue San Javier, frente a la Catedral y el Palacio Episcopal obra de Gaudí, abrazamos con tal humildad las circunstancias, creo yo, como para que Santiago Apóstol pusiera a un ángel con nombre de papa santo memorable a nuestro alcance.

En el albergue nos recibe Juan Pablo, un chico generoso y vocacional de esto, un boliviano de cuna que lleva ya diez años en España. Gracias, sanador de cuerpos cansados y espíritus desgastados pero felices, por tu especial dedicación a nuestros pies quebrantados por los kilómetros que ya se van acumulando sin paliativos. Salvo que uno se tope, como ha sido el caso, con la encarnación viva de los viejos hospitaleros medievales.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Diario del Camino: San Martín del Camino, 07-08-16

El páramo leonés parece estirar el Camino. En su llanura asoma el maíz pero la arboleda deseada no aparece. El calor aprieta, la linealidad dictada por la propia carretera es inmisericorde y los kilómetros ya andados castigan al alcanzar Villadangos. Apenas son las cinco de la tarde y había que tener ganas de detenerse, en plena calle Real, para que la panadería que sella credenciales del peregrino hiciera lo propio colocándonos el que sería cuarto testimonio que apuntar para la obtención de la compostela, si consideramos que a la entrada en el albergue de San Martín del Camino llegaría uno más como así fue.

Todo empezó cuando el cura de San Isidoro, aún en León, se convirtiera de puro agasajo a Carmen y a mí en cuna que meciera nuestros sueños con Santiago. Día de santos pues. Y de la Virgen, Santa María del Camino. La Patrona leonesa tiene santuario de fachada modernista, vanguardista si se nos pide ser más precisos en la consideración. El arquitecto Subirats hizo la reforma que, en los años setenta, puso vidrieras (cuenta León con fábrica así como el referente de las de la Catedral) y apostolado estilizado. 

A siete kilómetros del centro, éste otro templo, custodiado por los dominicos, me regaló el trato de otro eclesiástico del que también celebrar su aparición en escena. Revestido con el hábito de la Orden de Predicadores, fue con su aire despistado complaciente anfitrión de la segunda referencia en la credencial. Bendecidos ya íbamos por el sacerdote de San Isidoro, así que bastaba, tras la misa ante la Patrona, buscar su sello para colocarlo tras el del ejemplar templo románico anterior.

También ha sido día de nombres propios. Y lo cierto es que nadie como Isabel. Saliendo de los polígonos industriales, y tras pasar por San Andrés de Rabanedo y Trobajo, se cruzó con nosotros para brindarnos los buenos deseos más efusivos recibidos hasta el momento. Nosotros, predispuestos siempre a la interlocución, a la empatía, al trato directo, no éramos capaces sin embargo a otra cosa que no fuera admirarnos por la actitud de esta señora que, a sus probables sesenta y tantos años, regresó a nuestro encuentro. 

Nosotros? Por qué nosotros? Tanto se nos notaban las albricias ante semejante reto que aún comenzábamos! E Isabel nos acompañó, nos contó ilusiones para decirnos que espera repetir Camino y que nosotros le provocábamos emoción. Nos animó mientras, sin detener nuestra marcha, intercambiábamos impresiones sobre tanto ir y venir de peregrinos que, mochilas en ristre, se convertirían en compañeros a ratos durante nuestra marcha. Ella se ocupó de llevarnos, casi de la mano, hasta el Santuario de la Virgen del Camino.

A Ella me he encomendado cuando, mientras recopilaba estos recuerdos al finalizar la etapa, Carmen me ha enseñado sus pies. Sendas ampollas en los meñiques me han puesto en la tesitura de revestirme de atento hospitalero que, como sastre de la salud, ha debido tomar aguja e hilo para, empapados en betadine, permitir el vaciado de estas molestas vejigas y el drenado y cicatrización del daño en cuestión.

Italianos, alemanes, alicantinos, burgaleses, asiáticas... han cruzado sus deseos con los nuestros a lo largo de un día denso en el que el páramo leonés, con su maíz, sin la deseada arboleda, con sus aves protegidas y el sol de justicia, nos ha puesto a prueba ya en el primer día de nuestro Camino de Santiago, éste en el que el Señor me ha permitido el retrato de esa estampa deliciosa en la que la siesta de mi peregrina, en un puente bajo la carretera hacia San Martín del Camino, describe como pocas escenas la verdad del feliz cansancio jacobeo.

Ultreia et suseia. Hacia adelante y hacia arriba. Por siempre y ya desde este primer día de nuestro Camino de Santiago. Pese al calor y las ampollas.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Diario del Camino: León, 06-08-16

Allá donde quedó aposentada la Legión VII la vida es hoy plácida. Es cierto que, si pregunto por la minería, me hablan de pozos cerrados y pulmones obturados de modo letal a causa de la puñetera sil¡cosis. Pero León se sabe milenaria y las ciudades con ese poso sienten, a buen seguro, la obligación de mantener la serenidad ante los imponderables. Es ese plus al que tanto aporta esta gente adusta que nos recibe con generosidad manifiesta.

Con ellos converso ejercitando ya semejante interlocución a la que imagino posible con los peregrinos con los que Carmen y yo vayamos encontrándonos por el Camino desde mañana domingo. Es en torno a la mesa de la cocina, con un chupito de orujo en la mano, como disfruto de la conversación con Aurora y Manuel. Están llenos de esa sabiduría que dan los años y que, al borde de los setenta, los hace cabales sénecas mientras estamos en capilla.

Ellos son los culpables de haber encontrado el modo de hacer el Camino de Santiago teniendo el punto de partida necesario en el que dejar el vehículo. Y, en él, la vida que incendiar en el 'finisterre' de los cambios posibles, los crecimientos personales valientes y la salida de una zona de confort que se había vuelto más tóxica de lo que jamás hubiese soñado. Un sitio desde el que buscarnos y encontrarnos luego, cuando la compostela sea mucho más que un mero papel.

Estar ya en esta ciudad que tiende puentes castellanos hacia Asturias y Galicia es pues estar asomado, de algún modo, al balcón de una nueva vida. Y la reciedumbre de la cecina y los vinos del lugar paladeados en la Plaza del Grano, a la sombra de monasterio hospedero de las Benedictinas Carbajalas, o en el Húmedo ya ayudan. Y mucho.

Salamanca fue ayer, desde su belleza intemporal, quien se adelantó a enseñarnos las primeras conchas broncíneas empotradas en el empedrado de los aledaños de su catedral. Pero León nos ha enseñado a los primeros peregrinos con los que compartiremos etapas inmediatas. Hacían fila ya a primerísima hora de la tarde en el patio del convento-albergue en el que pintaron nuestras conchas con la Cruz de Santiago.

La Casona de Puerta Castillo nos ha abierto, este mediodía, las entrañas romanas de esta ciudad en la que mañana estrenaremos nuestra condición de peregrinos. La Catedral y sus espléndidas vidrieras nos han señalado más tarde la fe que alimentó esta espiritualidad jacobea tejida a lo largo de siglos y siglos. La 'gaudiana' Casa de Botines, el Palacio de los Guzmanes, la Plaza Mayor, las murallas... León, todo él!

Mientras, en una vivienda del Barrio de las Ventas, nuestras mochilas reposan a unas horas de colocar seis kilos y medio a las espaldas de Carmen y ocho y medio en las mías. Todo está preparado. La ciudad que cambió, por el actual esplendor hostelero, la mala vida de sus sufridos mineros, tan poco aliviadas por las ayudas gubernamentales al sector que sólo llenaban bolsillos interesados, me pregona cosas muy bellas de este Camino por descubrir.

Sólo faltaba elegir bien el punto de partida. Y ni ha asomado de las romanas maneras de los orígenes leoneses ni de las góticas formas de uno de los templos catedralicios más bellos que me haya echado a la cara. El Románico nos introduce mejor en el espíritu de los pioneros medievales de esta cita con el Apóstol Santiago. Por ello, es la colegiata de San Isidoro, desde su misa de peregrinos a las siete de la mañana, el punto de partida elegido.

martes, 20 de septiembre de 2016

Diario del Camino: Jerez, 06-07-16

Mi vida acaba de cambiar. Bueno... Ningún cambio realmente es fruto de la inmediatez ni de la espontaneidad. Al menos no aquellos que están llamados a conseguir cosas grandes para sus beneficiarios. Así que lo que ha ocurrido hoy en el Juzgado de Familia, siendo clave, es la culminación de un largo proceso en el que han tenido cabida tantas circunstancias como son menester cuando, en plena crisis de los cincuenta, uno sigue buscando la felicidad.

Desaforadas entregas no reconocidas como el esfuerzo durante años y años hacían merecer, vidas paralelas a la caza del bienestar por décadas inédito, decepciones, desajustes, búsquedas, encuentros, harpías, gente de bien, amistades, comprensiones y acogidas generosas. Todo ello cabe en un par de años para, mientras te aferras a convicciones que apresan la posibilidad de dar un paso, alcanzas este día de hoy, tenso pero esperanzador.

Antes que este 6 de julio tuviera algún sentido en mi vida, ya venía preparando la experiencia de mi vida: el Camino de Santiago. No sabía que llegaría a León para iniciar esos 310 kilómetros que inicialmente calculábamos y sus correspondientes 13 etapas con este trámite cubierto. El juicio que cambia mi estado social no era imprescindible para que la experiencia jacobea ya tuviera trazas transformadoras. Pero, a un mes del comienzo, esto es un regalo.

Hace casi un año todo comenzó a encontrar sentido. Y un año después espero a que la experiencia compostelana dicte sentencia sobre aquello que late en mi corazón otrora desazonado y ahora apaciblemente feliz. Al fin. Mis cruces, aquellas que abrazo siempre con diligencia, nunca se me hacen tan conscientes como para que me considere en disposición de asumir decisiones que pudieran calificarse de traumáticas. Pero ha tocado.

Mi recordado padre, aquél que me falta desde hace ya seis años, me enseñó a ser trabajador y resignado, tenaz y esforzado, sumiso y entregado a la familia. Y así he sido. Y así soy. Pero se acabaron ciertas secuelas personales que arrastro por aguantar haciéndome el superhéroe que Dios nunca me pidió ser. Echármelo todo a la espalda en interminables jornadas laborales de mañana, tarde, noche incluso madrugada no me ha aportado la felicidad.

En cualquier caso, abrazar la cruz cada Domingo de Ramos es un signo de mi voluntad. Siento con toda aflicción el dolor provocado, especialmente a mis hijos, pero era necesario y aspiro a que todos vayan dándose cuenta que papá infeliz no puede alentar hijos felices. Por eso tocaba cambio. Ahora sólo quiero pasar de puntillas por este día en el que los reencuentros a las puertas de la sala no son el mejor lenitivo contra mi confuso estado de ánimo.

Todo resuelto, pues, ahora es más fácil. Lo primero, que el Camino de Santiago que realizaré desde el 7 de agosto constituya la experiencia reparadora del pasado, reflexiva sobre el presente y decisiva para el futuro. Lo segundo, la lectura que a posteriori sea menester realizar para construir mi vida por venir. Por ello es aquí, en la tarde extraña de día tan importante, cuando comienza un Diario del Camino que no volveré a tocar hasta que llegue en un mes a León.

Mientras, me solazo en el año vivido con Carmen. Su parkinson es mi parkinson. Su asociación es mi asociación. Sus cosas son mis cosas. Han sido doce meses cuajados de su generosidad. Su mano se ha agarrado a la mía para dictar sentencia cuyo auto dice que mi vida tiene futuro. Los encuentros con su gente, mi running... Ahora, con las mochilas, las piernas y el ánimo en preparación, alentamos nuestra ilusión con los hagstag #3enelcamino y #pkjerez.